martes, 17 de febrero de 2015

Tiarín un amor de las aulas: Final

Cap. XI: Final.

Bajaron abrazados conversando de comics y música. 
-Me gusta Gotham, es más como el comic que las películas de Batman.- dijo Martín.
-Sí, pero hay gente que se queja de que no sale Batman lo suficiente.- respondió ella.
-Balazo para ellos.- dijo él, mientras imitaba torpemente un arma con su mano.
Tiare se rió, solía hacer eso cuando con su amiga se quejaban del universo, balazo para ellos solía decirle a Elena. Lo miró por un segundo era probable que él lo supiera. Él captó su mirada interrogante y solo sonrió.
-Te he visto dar balazos en el patio.-
-Eso es muy psicópata de su parte profesor Cárcamo.-
-Tú y tu obsesión con psicópatas, deberías respetarme, después de todo soy mayor que tú.-
-Y yo te quiero en mi cama.-
-¿Ahora cantas regueton?.-
-Puedo declamar también si quieres.-
-¿Poesía, pero que dama más completa?.-
-La verdad me sé solo un poema y me lo enseñó mi amiga, asi que no esperes mucha cultura en ello.-
-Pagaría por escucharlo.-
-¿Tengo cara de prostituir poemas?.-
-No quise decir eso.-
-No... es que así empieza, ¿tengo cara de prostituir poemas?.-
-Eres una pesada.-
-Esa es justo la segunda línea.-
Se rieron.
-Voy a decirte el poema, pero es una exclusiva así que cuidado con los derechos de autor.-
-Al final de mi libro podrá leer la referencia a este momento.-
Tiare se separó de él y adoptó una posición dramática. Puso sus manos en la cabeza.
-Oh cruel destino
hermoso y altanero
voy a pedirte un deseo
y tú debes cumplirlo.
Te pido que hoy mismo
cuando a dormir me vaya
halles en mi cama a un cruel y un altanero
no para hacer poemas
ni para tener calma
si no para que cuando a dormir me vaya,
finalmente me vaya.-
Tiare decidió omitir el final dramático de su amiga, que implicaba un sonido orgásmico.
Martín le aplaudió, no se estaba riendo.
-Creo.- dijo él.- que no lo entendí, digo...¿ por qué una baya?
-Ay Martín, no te lo voy a explicar.-
Se acercó a él para acariciar su pelo. Era un niño inocente y bueno, excepto en las bibliotecas y ascensores. Y eso la llamaba más hacia él, sabía que muy en el fondo Martín tenía la maldad y la perversión atadas al ADN, pero en su naturalidad él lo ignoraba.
Estaban felices, era una sensación extraña. Cuando dos personas han pasado tiempo desconociendo la esencia de la felicidad y esta les llega de golpe suelen tener esos calambres en las mejillas. Les pasaba que no sabían como reaccionar a la falta de sus problemas. Era un misterio como ellos, mas resolverlo era la mínima de sus prioridades.
-¿Bueno y fuera de observarme en el patio que más te gusta hacer?.- 
-Me gusta la música, nada de los top 40.-
-Eso es una mentira, todos dicen eso pero estoy segura que tienes tu placer culpable en tu celular bajo el nombre de alguna canción de Pink Floyd.-
Era un desafío. Acordaron comprobar quién tenía la razón y se sentaron en una banca.
Martín sacó su celular y abrió la lista de reproducción. Ella guió sus ojos de arriba abajo y seleccionó "Teach me" los acordes se abrieron en una melodía lenta y simple, Lo miró, y no pudo soportar la risa.
-Martín Cárcamo, ¿Qué es esto?.-
Martín parecía no poder aguantarse la risa,
-Miguel Bosé.- dijo tímidamente.
Martín recordó la última vez, antes de Maite, en la que había salido en un cita. La mujer había sido muy amable hasta que le pidió escuchar un tema de The Cure. Martín solía tener gustos considerados poco varoniles y para evitar burlas le cambiaba los nombres a sus placeres culpables por otros de "gusto social apropiado". Cuando intentó buscar la canción olvidó el tema de Ana Gabriel oculto en la lista y luego de escuchar "Luna tu que lo ves..." la mujer se había burlado y finalmente marchado.
Pensó que eso dejaría un trauma en él, pero la risa de ella borraba todas esas boberías.
Su risa no era estrepitosa, se reía mucho pero sin que nadie se enterara, como protegiendo su felicidad. Era a ratos perfecta.
-Me encanta Bosé.- dijo ella.
A rato era mucho más perfecta, pensó Martín.
-¿No te parece un poco gay?.-
-Me parece super gay, pero quién no quiere ser un hombre gay a veces.-
Martín la miró desconcertado, de qué mierda estaba hablando ella no tenía idea, pero le gustaban sus arranques de enanos al bosque en sus conversaciones.
Ella lo miró levantando sus cejas, esperando una respuesta sobre de qué mierda estaba hablando.
Martín sabía lo que debía responder.
-Yo, cuando estoy contigo.- dijo
Recordó la vez que lo vio sin pantalones, él no era lo que ella esperaba.
-Y cuando no estás también.- dijo nuevamente.
Él era mucho mejor.
Todo venía a funcionar, su amiga lo aceptaba... los problemas de trabajo no eran problemas, Figueroa no volvería a molestarlos.
Fueron a la casa de él, riéndose de la lista de reproducción cada vez con más ganas, cada vez más felices. ¿Se podría reir aún más?
Cuando abrieron la puerta Irene apareció ladrando y moviendo la cola. Tiare la tomó en brazos para hacerle cariño y siguió a Martín a la pieza para ver a los cachorros. Maite estaba sentada en la cama acariciando a los pequeños... Tiare sintió su cabeza arder, no esperó a que Martín hiciera las preguntas.
-¿Qué estás haciendo?.-  toda su rabia la hizo aferrarse más a Irene, que gruñía en dirección de Maite.
Tiare podía entender que había visto Martín en ella, si es que alguna vez vio algo... parecía de la misma edad que él y ocupaba vestidos sueltos, pero ceñidos a la cintura que de alguna forma resaltaban su cabello corto y sus anillos largos que se enrollaban en casi todos sus dedos.No parecía la tipa aburrida de la que alguien se hartaba, parecía todo lo contrario y eso hizo que su rabia hirviera con más ganas.
-Vengo a hablar con mi novio.- dijo con calma
-No hay nada que decir Maite, solo vete y deja mi llave.-
Maite se levantó lento y pestañó muchas veces, Tiare se preguntó si a Martín le gustaba eso; se acercó a Carcamo y le tocó la frente en un gesto íntimo que la incomodó mucho, y luego susurró algo y un claro adiós. Martín estaba congelado, no se movió ni un centímetro aún cuando su ex depositó la llave del departamento en su mano.
Tiare estaba aún furiosa, si su mente tuviera poderes seguro la habría hecho explotar. Martín llegó a los pocos minutos y ella lo miró con cautela... aún tenía en brazos a Irene que comenzaba a quedarse dormida.
-Martín.- dijo, no para romper el silencio, si no para establecer el orden.- Explícame.
Martín estaba desorientado, no parecía poder encontrar las palabras.
Se acercó a ella y sostuvo su cabeza entre sus manos, Tiare dejó escapar a Irene y sus ojos de llenaron de lágrimas.
-Solo no quiero salir herida.- le dijo sin poder levantar la vista.
-Voy a cambiar todas las chapas del departamento para que nadie te haga daño.-
-No es eso Martín, no es sobre ella, es sobre tí.-
-No voy a cambiar de opinión, quiero esto.-
Se besaron, con lágrimas...era una sabor a sal, un mal sabor.
Tiare se alejó despacio para tomar aire. Quería descansar... mucho había pasado y ella tenía mucho que asumir aún. Pero no quería estar enojada, no quería que todo tuviera gusto a sal, quería recuperar las sonrisas, la lista de reproducción si era posible.
-Te molesta si me voy a dormir.-  él sonrió, no quería reconocerlo, pero la idea de solo dormir con ella, le parecía tierno y ridículo... no iba a dejarla dormir.
-Mejor comemos algo, anda yo llevo la once.-
Ella no se dio cuenta de lo cansado de su día hasta que abrazó la almohada... un montón de emociones querían invadirla, pero solo podía pensar en dormir... apoyó su cabeza y sus hombros y elevó su espalda apoyando sus rodillas en la cama igual que un gato y se abandonó al sueño.
Martín llegó y la encontró completamente dormida en esa posición, no quizo despertarla, pero estaba cansado y ella estaba en el medio de la cama. Se puso a su espalda para poder tomarla mejor, pero falló chocando con su erguido trasero y despertándola.
-Martín, qué estas haciendo.- dijo aún media dormida.
Martín solo pudo reír, quiso hacerlo en silencio, pero verla así lo provocó demasiado...su risa terminó de despertarla y ella se sentó a su lado.
Rieron un rato y luego el sueño los venció.



Una semana después. 

-¿Hoy por fin tendrás tiempo? digo es mi cumpleaños.- Elena estaba esperando su completo en el kiosko mientras Tiare ojeaba el libro de Inglés, era su examen de eximición y estaba muy nerviosa.
-No es tu cumpleaños, pero si... voy a ir.- dijo mientras arrancaba un poco de la comida de su amiga.
- Por fin, ya me preocupaba que tu y Martín llegaran a tal punto que empezaran a parecerse.-
-No creo que el pelo largo le vaya bonito.- dijo cerrando por fin el libro.
-Podría ser un mono y aún así lo amarías.-
-No lo amo.- dijo ella en tono seco.
-Tranquila, no tienes que probármelo, te veo a la salida en la puerta y suerte ¿bueno?, voy a estar en el público mientras presentas.-
-Bueno.-
-Me sentaré del lado del novio.-
ambas se dieron la dosis de *sonrisa típica* que necesitaban para afrontar el día y se separaron.
Hacía dos días que Tiare no había visto a Martín con la excusa de preparar su prueba, estaba nerviosa porque él había sonado distante al teléfono, pero seguro era para no distraerla. Aún así había decidido darle una sorpresa en la sala de profesores, para agradecerle de alumna a maestro con una muestra de afecto típica de una pareja. Tenía sentido en su cabeza.
Habían sido unos días grandiosos desde la biblioteca, habían reído y jugado play tanto que parecían compañeros de toda la vida... casi no de habían separado lo que la asustaba un poco, pero también la provocaba a querer más.Ya casi había llegado a la sala cuando la vio...Maite, la vio entrar a la sala y eso la congeló... seguro está buscando a Figueroa, pero no... la mujer se encontraba en un congreso en Antofagasta. Decidió esperar, se aferró a su libro de Inglés... y tragó grandes bocanadas de aire... sentía la cabeza hirviendo. Maite salió de la sala sonriendo, y entonces lo saboreó... la sal, no no era eso, era agrio, era veneno... sentía el veneno en su corazón. Y envenenada entró a la sala, y lo vio, sonriendo hasta que la notó. Se levantó e intento abrazarla, pero ya era demasiado tarde,ya había demasiado veneno y solo una palabra de él era lo que faltaba para terminar de ahogarla.
-Lo siento.- dijo Martín cuando comprendió toda la situación.
Tiare no lloró, no armó un escandalo. Se dio la vuelta y caminó a la sala para preparar su presentación, Martín llegó e hicieron el ritual de evaluación, sacó un sobresaliente... su amiga estaba ahí, pero no era lo importante, sentía el veneno arder y esperó que todos abandonaran la sala hasta quedar a solas con Martín.
-No es lo que piensas.- dijo él antes que ella pudiera hablar.
-Yo no soy lo que tu piensas, esto... todo esto es solo, yo pensé que.- de pronto el veneno no la dejaba hablar, quería llorar, quería explotar. Y entonces música inundó la sala, pero distinto a las veces anteriores la música ya no le dijo nada, Martín la hizo arder en la nada, Martín era nada.
No recordó lo que pasó después pero su amiga le dijo que cuando volvió al salón a buscarla porque se había demorado vio a Martín diciéndole algo al oído, mientras ponía una nota en sus libros.
Cuando llevaban dos cuadras de camino en silencio Tiare dijo.
-Leela, no me importa.-
Elena se debatió entre la curiosidad y la moral, pero terminó por tomar la nota. La estiró y leyó en voz alta.

Condenado esta el fuego
y por eso debe arder
y mi amor condenado estaba
por eso ardió con él.
Quemó tan dolorosamente
hasta que por fin se fue.
Hoy debo irme
pero no significa que nunca te amé.

-Tiare no entiendo nada.-
-Él me ama.-
-Sigo sin ver el problema.-
-Yo no puedo amarlo.-
-¿Por qué no?.-
-Porque la dejó embarazada.-

FIN.



  




sábado, 25 de octubre de 2014

Tiarín un amor de las aulas: Agua y fuego (parte 2)

Cap. X: Agua y fuego (parte 2)

Martín sentía que la cabeza le iba a explotar, realmente no estaba poniendo atención a las pruebas. Ver a Tiare dando el examen con cara imperturbable le había roto el corazón, en su interior sabía que la había destrozado. 
-Martín, no te ves muy bien.- dijo Figueroa mientras escribía con su lápiz rojo sobre las anotaciones de las pruebas.
-Desperté un poco enfermo.-
-El viejazo.- sonrió ella.
Martín odiaba sus bromas, era como hacer un oso bailar con fuego para que un público le aplaudiera.
-Sabe, pensaba que, como es mi cumpleaños... me gustaría.-
-Celebrarlo donde la Maite, ¿verdad?. Me dijo que a las 6 llegarían todos.- 
-Sí, sobre eso.-
-No digas nada Martín, ha planeado esto con mucho tiempo, y no lo vas a arruinar.-
-Esta bien.- 
-Creo que ya han pasado todos, el lunes coordinamos las notas. Tómate el resto del día, y feliz cumpleaños.-
-Gracias.- 
Martín se dirigió a la oficina de profesores por hora. Quería un café y mucha azúcar. No había nadie en el lugar y se sentó en el sillón. Miró el reloj, eran las 13.15. No sintió pasar el tiempo mientras tomaba los exámenes. Era la hora de almorzar y de menú había ensalada; un nudo se le armó en el pecho. 'Tienes que aguantar'. Debía enfrentar el resto de la tarde y la once con su futura esposa, su vida con su terrible suegra y su existencia teniendo que cumplir por otros.
Abrió la ensalada y se llevó el tenedor a la boca. Sintió la suavidad del sillón y recordó, la vez que compartieron almuerzo y luego un masaje. Recordó sus perritos y que gracias a ella habían logrado salir. Recordó el ascensor y su perfume que lo hacía sentir estable. Recordó la nota con el poema. Y no pudo más, lloró. Lloró porque nada era como él quería, estaba obligado a trabajar por su padre, no tenía ayuda de nadie más. Y lo único que pedia en las noches era poder tener la libertad de caminar de la mano con Tiare, pero no podía porque era un cobarde y había sido un imbécil. Le había roto el corazón ella tenía razón, era un juego muy malo y cruel. No podía seguir así. Él había determinado su vida y no podía obligarla a seguirlo. Ya se había marcado un final, ella se recuperaría y lo olvidaría. Él tendría una familia con la que cumplir. Ese era un hecho.
Lloró por al menos una hora. Y luego se determinó a dejar de ser un niño llorón.

Tiare se la pasó de una clase a otra de forma normal. Le parecía casi irreal lo que había pasado en la mañana, en realidad todo lo que había pasado en las últimas semanas. 
Sus compañeros seguían siendo lo mismo, y su amiga seguía haciendo lo mismo, pero ella estaba distinta. Sentía que tenía una gran carga sobre sus hombros solo porque le había gustado su profesor. 
Además de un nuevo trabajo en la biblioteca. Le alegró que Figueroa en el fondo le estaba haciendo un favor, iba a poder distraerse entre las páginas misteriosas de todos los objetos de la biblioteca.
Su turno empezaba a las 4, hasta las 8 y estaba segura que por esas cuatro horas su mundo iba a estar bien y estable.
-Oye ya me voy.- dijo a su amiga
-Ve si puedes borrarme mi multa en la biblioteca.-
-Voy a tratar, pero no creo que me dejen ver esas cosas.-
-Oye Tiare.- hizo una pausa-Sé que piensas que no puedo entenderte, y la verdad es que no creo que pueda, pero lo que sea que te haga ir a trabajar ahora si no es tu voluntad no deberías hacerlo.-
-Te dije, Figueroa dijo que si me mantenía en actividades iba a poder subir mis créditos.- mintió. Se sentía mal por mentirle, su amiga intentaba hacerla entrar en razón, pero no había razón en eso. Era cierto, no era su elección.
-A veces debemos hacer cosas que no queremos por la gente que apreciamos.-
Su amiga la miró un instante.
-Sé que no es por Martín, sé que tal vez la vieja te obligó con amenazas, para mantenerte alejada de él. No quiero que te alteres, pero me mandó una carta expresando su apoyo para la formación del centro de estudiantes y solo dos personas sabíamos de eso. No sé a que nivel de enfermedad está esa mujer, pero no quiero que temas por mí. Ni ella ni nadie puede quitarte tus pedazos de felicidad, su único poder era el de reprobarte en su curso y por haberlo hecho fue que conociste a Martín.-
-No es por eso, yo solo.-
-Tú solo sabes que a mi me importa ser parte de esto, que si quiero esta vida. Pero no fue fácil decidirme, pasé por lo que fue cumplir por otros antes de ir tras mis sueños. Es verdad que hacemos cosas que no queremos por las personas que apreciamos, pero también tienes que tener aprecio por ti misma.- su amiga encendió un cigarro y dio una larga quemada.
-Un primo me dijo que a sus 30 años había renunciado a su trabajo y que en los últimos tres meses se había sentido más feliz que nunca. Se había aguantado en su pega anterior porque necesitaba la plata para pagar el tratamiento de su mamá y los gastos de la casa. Cuando renunció vinieron semanas muy malas, fueron dos semanas en las que la perdición reinó.-
Elena miró al cielo y sonrió.
-Después de ese mal tiempo consiguió trabajo como mecánico y empezó a ganar el doble de lo que hacía en su trabajo estable. Ahora hace lo que quiere y su mamá esta mejorando. ¿Sabes lo que me dijo y lo que no puedo olvidar?.-
-¿Qué?.-
-Que si no trabajas por tus sueños alguien te va a explotar para que trabajes por los de él.-
-No entiendo, qué tiene que ver eso conmigo.-
-Me rehúso a creer que tu sueño es pasar por aquí para finalmente morir. Sé que es difícil involucrarse con la gente, y es una verdadera molestia preocuparse, poner algo de ti. Pero creo que eres buena en ello. Creo firmemente que serás una buena profesora si eso quieres. La verdad es que no sé que quieres, solo te digo lo que veo. Pero tú si sabes que es, aunque no me lo reconozcas ni a mí ni a Martín. Mi punto es que, tal vez él se encuentra cumpliendo por otros como tú y tú sabes que eso está mal. Si te conozco lo suficiente, sé que viste algo en él que te necesitaba y eso hizo que lo siguieras.- el cigarro bailaba en los dedos de Elena y la mirada de Tiare iba del humo a los ojos de su amiga.- Quizás eso no sea suficiente para que se dé una historia de amor, ni siquiera un buen motivo para una amistad, son los sentimientos por el otro lo que vale en una relación y no los vacíos que intentamos llenar.-
-Nadie dijo nada sobre amor, dame un cigarro.-
-No necesitan decirlo, es como exacto eso.- dijo mientras encendía el cigarro de su amiga.- Un cigarro en tu boca, porque te afecta. Tú nunca fumas, excepto cuando hace frío y la verdad es que él te hiela y derrite con la mirada.-
-Pero él tiene su compromiso. Hoy me presentó como su hermana, después de haber caminado de la mano conmigo por la calle, siempre que nos vemos es donde no hay nadie, a una hora poco común. Es ridículo, y anormal, no quiero jugar a eso que va a lastimar a otra persona. No es lindo que te engañen.-
-No lo estoy defendiendo, el tipo es un imbécil. Pero creo que se siente demasiado presionado para ver la realidad como es, tiene mucho miedo como para ir tras de ti. Quizás en honor de tu futura profesión podrías inspirarlo, mostrarle que el mundo es más grande de su ceguedad. Si él quiere te escuchará y si no, bueno tendrá una falsa familia y se emborrachará en año nuevo para no plantearse nuevas resoluciones que lo puedan hacer feliz.-
-Ya lo intenté.-
-Se besaron, se buscaron el uno al otro para darse un beso. Y por fantástico que sea, un beso lo da cualquiera, es solo un contacto más con el tiempo. ¿Es acaso él un contacto más?, lo dudo si el primer día lo tenías sin camisa en un sillón.-
Tiare se sonrojó.
-¿Cómo supiste eso?.-
-Tengo oídos en este instituto, Figueroa aprendió de mí.-
Se rieron, era bueno conversar con calma, hacía todo horrorosamente real y todo absolutamente llevadero.
-El lunes voy a hablar con él, necesito distancia por unos días. ¿Crees que debería renunciar a la biblioteca?.-
-¿Qué? ¡NO! ¿cómo vas a pagar el helado para superar este super si, pero no, romance? Además aun que vas por "obligación" se te va a hacer algo positivo, sé que te excitan todas esas letras en el atardecer.-
-Estás loca.-
-Enferma la verdad, pero lo cierto es que gracias a eso en un futuro voy a conquistar el mundo y tú puedes casarte con mi hijo para no perder tu trabajo en ese futuro.-
Tiare no se rió.
-Ok, es muy pronto para reírnos de esto.- hizo una pausa larga, el cigarro ya era una colilla en el suelo.- Tiare.-
-Dime.-
-Tú crees que algo anormal ¿no es amor?.-
-Creo que todo es amor al final, pero que en sí no existe.-
-Vaya, por un momento creí que estabas siendo positiva.-
-No tienes tanta suerte.-
-Bueno ya me voy, pero quiero que sepas que mucha gente dice que Dios no es real y a veces yo también lo creo.-
-¿Qué tiene que ver eso?.-
-Que por ratos se me olvida, y me refugio en eso. Lo que sea que pasa a mi lado da igual, porque por un minuto mi fe en algo me salva de volverme loca. La mayor parte del tiempo me olvido de Dios, pero los momentos que paso creyendo en él son usualmente buenos. ¿Qué importa creer en algo que "no tiene razón lógica" si te hace feliz?.-
-Esta mal, porque es una tontería.-
-El amor lo es, una tontería que te hace feliz, a la cual ignoras todo el tiempo hasta que llega el momento en que te conectas. ¿Vas a dejar eso pasar?, ¿no que eras inteligente?.-
-No va a suceder, no va a resultar.-
-Atrévete a creer, no tienes nada que perder.- Su amiga se levantó y le dio un leve abrazo. Ella nunca daba abrazos, Tiare abrió mucho los ojos.
-No sé si estoy cerca de lo que te pasa, no quiero que me digas si no sientes que es necesario. Me gusta creer que todos serán felices por siempre, es mi deber llevar la tontería y la incredulidad a quien lo necesite. Sé que necesitas creer que esto tiene una final feliz, y voy a ayudarte con eso. No vas a volver a llorar, te conozco, pero sé que si esto queda así nunca más te vas a reír como lo has hecho en estas semanas.-
Ambas estaban llorando, pocas veces habían llorado juntas.
-No sé que decir.-
-Solo elige lo que quieres, sin miedo y sin sentir que estás faltando al ideal de alguien. Si quieres morir, puedo respetar eso y pensar que te hará libre. Si quieres a Martín lo amenazaré para que deje de ser tan pendejo, y si no lo quieres nunca más voy a mencionar el tema. Me considero feliz, me gusta vivir, quisiera que por un instante te sientas así.-
-No es como que sufra por estar aquí.-
- Lo sé. No es como si todo siempre fuera genial.-
-Lo sé.-
-Atrévete, si no lo haces por ti, hazlo por reventarle los ovarios a la vieja. Joder la vida de alguien puede evitar que te jodas la tuya.-
-¡Joder! es tarde.-
-Ya me voy, avísame si nos juntamos para limpiar la playa de tus malos recuerdos.-
-Estúpida.-
*Sonrisa típica*
Tiare emprendió camino a su nuevo trabajo, pensando en ser positiva... era un débil pensamiento, pero era algo.
El encargado la estaba esperando. Ella dejó su mochila y él le explicó lo básico.
-Tienes que ordenar según el año y la letra, cada libro tiene su código y autor. empiezan en el 001 de los fondos de tesis y así siguen hasta el 800 del fondo activo. La biblioteca cierra a las 6, pero tú te quedas hasta las 8 para dejar todo en orden. Esta prohibido comer y fumar aquí. Debes hacer silencio y tienes prohibido acceder al sistema de deudores. ¿Alguna pregunta?.-
-Emm.-
-Bueno, la salida es por la puerta principal y eres la única en el turno de hoy, pagamos $800 la hora. Deja la llave en portería y si algo se pierde será tu culpa.-
-¿Puedo escuchar música?.-
-Tú simplemente no te concentras en las cosas importantes.-
-Me dicen eso seguido.-
-Bienvenida.-
Tiare tomó aire y se acercó al carro de libros que debía acomodar, eran 8 carros. 'Malditos exámenes, los tienen a todos en biblioteca'. pensó y comenzó a trabajar.

Martín estaba trotando afuera de la casa de Maite. Se movía de un lado a otro, se agarraba la cabeza e intentaba respirar. 'Controla la ansiedad' 'Tú puedes hacerlo'.
-Yo puedo hacerlo, ¡PUEDO HACERLO!.- gritó.
-Oh si campeón.- dijo una voz.
Martín levantó la cabeza.
-¿Vargas?.-
-¡Pero que buena memoria! ¿qué hace por aquí?.- Elena lo miró divertida y el guardó silencio, así se hizo obvio lo que hacía ahí. Ella quebró el silencio.
-Oh, ya veo, y ¿cómo van los planes de matrimonio? ¿te casas de blanco y eso?.-
Martín no decía nada, solo estaba congelado mirándola.
-Ok, mira esto es muy desagradable. No quiero ser grosera ni meterme más allá, pero eres un verdadero imbécil.-
-Voy a entrar a terminar con ella, frente a su loca familia.-
Elena quedó con la boca abierta.
-Ok, eso no lo ví venir, ¡bien por ti campeón! tú puedes.-
-Creo que me voy a desmayar, voy a perder mi trabajo y voy a ir a la quiebra, seguro mi papá se va a decepcionar.-
-Martín, yo tengo 20 y le respondo a mi madre porque ella tiene el dinero, y aún así lo encuentro vergonzoso y patético. Tú tienes probablemente 30 y vives por hacer a otros felices, porque tienes "deberes". Bueno a la mierda todo eso, sé feliz. ¿Acaso nadie entiende lo que la generación de YOLO significa? ¿Tan viejo eres?.-
-Ese es un pensamiento egoísta.-
-Pero feliz, así que vive siendo generoso mientras deseas estar muerto. No lo haces porque eres bueno, lo haces porque tienes un ridículo trauma de niñez y no puedes enfrentarte a eso. Estoy segura que mi amiga te ayuda a sobreponerte a eso, y ahora luego de probablemente 5 años de relación patética con una mujer divorciada te das cuenta de lo complicado que has hecho tu vivir.-
-Ya cállate.- gritó Martín.- ¿Nadie te ha dicho que hablas demasiado?.-
-Siempre quieren callar la verdad, esta bien me callo. Eso no va a hacer tu dolor menos. Solo no seas un maricón con mi amiga, no quiero tener que arruinar tu vida.-
-No he hecho nada.-
-Aún no, como sea si terminas con esa mujer, la Tiare sale a las 8 de la biblioteca, lo cual es un trabajo que tu suegra le asignó. Ahora me voy, aunque has sido descortés y no sabes que hago aquí, antes de que alguien asuma que te estoy siguiendo dejo en claro que vengo a visitar a mi hermano que vive a la vuelta.-
-Gracias por el dato y tengo 26... y tres años de mala relación.-
-Lo sé, si exageras la verdad los hechos tristes se hacen más llevaderos.-
Elena siguió su camino por la calle y Martín entró a la casa.

Adentro estaba su prometida, su suegra y la hermana.
-¡Chanchito!, ¡que rico que llegaste! ¡feliz cumpleaños osito de mi alma!.-
Martín odiaba cada palabra de su boca.
-¿Cómo ha ido el cumpleaños?.- preguntó July.
-Bastante bien, Maite necesito hablar contigo.-
-Nada de privacidades antes de la torta.- dijo Figueroa.
-No, tengo que hablar con Maite.-
-Pero mi vida lo que tenga que decirme, puede ser frente a mi mamá y mi tía July, ellas siempre lo saben todo.-
-Es verdad, siempre me entero de todo.- dijo Figueroa.- como la visita de tu hermana.-
-¿¡Amor vino mi cuñada!? ¡por qué no la trajiste!.-
Martín sintió un golpe de adrenalina, la rabia se apoderaba de su razón. Golpeó la mesa con su puño haciendo temblar toda la loza.
-Se callan y me escuchan.- dijo Martín.
Ya lo sentía, ese era el punto sin retorno.

Tiare estaba descubriendo la sección restringida, miles de libros antiguos se alzaban ante sus ojos. Se sentía pequeña ante tanta majestuosidad. Miró la hora, aún tenía dos horas de castigo. Definitivamente no iba a conservar el trabajo, aunque había sido positiva al respecto.
Para celebrar el cierre de jornada decidió ponerse rebelde, y se preparó un café el cual planeó degustar encima de la estantería de recepción. Sería una gran historia de juventud en su vejez.
Calentó el agua mientras ojeaba una revista y  decidió que sería mejor poner música. Batalló con el equipo un momento hasta que logró reproducir la lista desde su celular. Lana del Rey sonando por todas las páginas.
Algo interrumpió su pequeña tertulia personal, un mensaje en su teléfono.

Si Martín llega a buscarte es porque se puede confiar en él. Usa condón. 
Elena.

Le pareció que su amiga estaba definitivamente loca, Martín tenía una once con su familia feliz y no esperaba que llegara a interrumpirla. Decidió olvidar la ridiculez.
Apoyó su tazón de café en el mesón y disfrutó el olor. Se abandonó al poder la música y cerró sus ojos.
Todo su historia le pareció graciosa por un segundo. Que ridícula había sido al llorar de angustia y de caer por un profesor, lo que había pasado no era amor. Fue lindo y emocionante, pero no representaba nada más trascendente. Por fin tenía la claridad para estar bien.
Un fuerte golpeteo en la puerta la bajó de las nubes de su nueva claridad mental. Alguien intentando entrar, empujando la puerta cerrada. Se apresuró con las llaves para ver quién tenía tanta urgencia.
Sus ojos se hallaron con el origen de todos sus problemas. Martín, venía con el pelo desordenado y la respiración acelerada, la miraba fijamente mientras su pecho subía y bajaba. Tiare notó gotitas de sudor en su frente.
Martin en un umbral, agotado con sus manos firmes en el marco de la puerta hizo que toda su resolución anterior se fuera a la mierda. 
- Recibí tu nota, espero no sea tarde.-
Tiare dudó, pero luego confió en que todo saldría terriblemente mal de todas formas. 
Se movió para dejarlo pasar, sin saber realmente que decir. La música llenaba todos sus silencios. Tiare se sentó en el mostrador mientras Martín se apoyaba contra una pared. 
-Martín, he tenido un día muy raro y no puedo dejar a nadie entrar aquí.-
-¿Qué te parece si jugamos al silencio? Acabo de destruir mi futuro.- Martín curvó su labio en una mueca de dolor. 
-Ni creas que te voy a preguntar, porque seguro vendrás con una línea tierna y un beso, entonces algún elemento se manifestará en mi cabeza, seguramente fuego porque es lo único que falta, nunca hablaremos y luego serás un imbécil como siempre.-
La mueca de dolor en la cara de Martín cambió a la de un niño frente a un desafío.
-¿Fuego? ¿realmente crees que si te beso sería fuego?.-
-Bueno.- la pregunta la había puesto nerviosa.- primero fue un rayo, y luego fue aire...-
-Y agua.- continuó Martín, le sonreía como había hecho en la playa y ella quería responderle, pero al verlo escuchó la voz de Figueroa.
-Y luego humo.- dijo ella mirando el suelo.
-¿Humo?.- preguntó sorprendido.- No me llegó ese beso.-
La intención de Martín estaba clara, quería acercarse a ella, pero ya nada entre ellos era simple. No como que alguna vez lo fuese, pero ahora todo era irremediable.
-No fue por un beso, fue por una patada. Sabes no tengo hermanos y siempre pensé que de tener uno lo más probable es que no fuera un imbécil, pero me equivoqué.- Lo miró intensamente, 
-¿Estás molesta aún?.-
-Por supuesto que sí, estas jugando conmigo, todo el tiempo.-
Él estaba cansado de las acusaciones de los demás, si todo fuera tan simple estarían cantando Silvio Rodriguez junto a la fogata de la hermandad, pero no, Lana del Rey llenaba sus tristes corazones porque esta era la maldita realidad. Y él estaba cansado de escapar. 
-ES QUE TODO ES MÁS COMPLICADO...-
-¡DE LO QUE PARECE!, no me grites, me sé todas tus excusas de memoria.-
-Crees que esto me gusta, hacerte sentir así.-
-Nadie aquí intenta culparte de algo, elige tu vida por favor, y danos la información al resto, déjame terminar el maldito curso y seguir, lo único que quiero es terminar esto para poder hacer algo de mi vida, algo feliz si es que eso es posible... probablemente no.-
-Estoy cansado de que el resto me culpe por su felicidad, no soy el único con el poder de elegir, si vas a retarme cuando lo único que necesito es un abrazo prefiero ir dónde mi camada.-
-Eres increíblemente raro, no tengo por qué llenar tus necesidades, tú no te has encargado de ninguna de las mías.- 
La rabia en el ambiente era pesada, Martín estaba exaltado y el corazón de Tiare se había acelerado. El aire estaba al borde de caerse a pedazos para aplastarlos a ambos, sentían el calor en sus narices y sus mentes nubladas.
-Pues eso cambia aquí y ahora.-
Martín caminó con pasos grandes al mostrador y empujó el tazón de café al piso, Tiare se quedó congelada mientras el la agarró en sus brazos. Besándola rápida y furiosamente, haciendo cada beso más grande y cada toque con más confianza, sentían la fiebre en sus cabezas y por poco pierden el equilibrio. Ella comenzó a desabotonar su camisa, primero con urgencia y luego se tomó su tiempo.
Besó su cuello calmando el momento haciéndolo pasar más lento. Lana cantaba a corazón desgarrado esparciendo sus letras por las paredes, endulzando sus oídos.

You got that medicine I need,

Fame, liquor, love, give it to me slowly.

Put your hands on my waist, do it softly,
Me and God, we dont get along, so now I see...


Cuando acabó con su camisa, enredó sus manos con el pelo de Martín y lo contempló por un minuto, veía en sus ojos un poco de miedo y urgencia. Acercó su boca a su oído y susurró. -Cobarde.-
Se separó de él y abandonó el mostrador, corrió detrás de un estante entre risas. Martín sintió que su furia volvía, no iba a dejar que nadie lo desafiara, sabía lo que quería y no tenía miedo de ir por ello. Ya no era un cobarde.
La siguió hasta que la encontró entre dos estantes de la sección de filosofía, se acercó con firmeza para enfrentarla, ella empezó a retroceder con su frente pegada a la de él. Martín sentía a mil por hora, confusión e intriga, él quería ese misterio. comenzó a avanzar derribando los libros de las repisas haciendo un desorden, No le importaba nada más que demostrarle que si era un cobarde, iba a ser su cobarde.
El desorden la intimidaba, sentía la fuerza de Martín, pero no le tenía miedo...retrocedió temblorosa hasta chocar contra una pared, entonces él la tomó por la cintura y la besó, con furia y cariño... besó todo su cuerpo, y la desnudo, hasta que ya no hubo nada más que quitarle. 
La miró y le pareció hermosa, y vulnerable, no podía dejarla así por mucho tiempo, no podía tenerla fuera de sus brazos por otro minuto, estaba matándolo no tenerla cerca y estaba matándolo el poder al fin tenerla. 
La acercó hacia él y la tomó en sus brazos, la alzó y luego la dejo en el suelo, se recostó a su lado y la beso. Ella no tenía un buen uso de razón, sabía que estaba entre un montón de libros con su más preciado deseo a su lado, la única verdad del momento era que no quería que se detuviera, solo quería más. Le quitó el pantalón y se hallaron ahí desnudos. Los dos miedosos del amor, comenzando a hacer el amor entre caricias firmes y divertidas, sonreían mientras se besaban y paraban por momentos para mirarse a los ojos. Sus cuerpos ardiendo, siendo un rayo, siendo agua y aire. Ahí sobre letras con música embriagándolos en sus más profundas fantasías. 

You got that medicine I need,
Dope, shoot it up, straight to the heart, please.
I don't really wanna know what's good for me.
God's dead, I said, "Baby that's alright with me."



Les gustaba ir al ritmo de la música; sabían como estremecer al otro a pesar de que sentían que se conocían por primera vez. y mirándose a los ojos en el mejor de los placeres se sentían explosivos a punto de arrasar con todo. Lo único que salían de sus voces eran gemidos, su comunicación era completa y totalmente corporal. Martín agarraba sus pechos y ella disfrutaba cada caricia y cada mordida, ella arañaba suave su espalda con sus largas uñas, esa espalda que la había guiado en tantas fantasías, por fin suya, por fin podía agarrarse de ella y empujarlo hacia si misma. 
Allí entregados y descubriendo los rincones del cuerpo del otro, se acercaron al empoderamiento más bello del alma. 
"Fuck yeah, give it to me, this is Heaven, what I truly want."

It's innocence lost.

Innocence lost.

Así siguieron, una tras otra canción, por horas, arrancando páginas de los viejos libros en cada giro que daban. Por fin cayeron agotados, uno al lado del otro con los pies enredados y las respiraciones agitadas, la lista de reproducción ya comenzaba a repetirse. Y ellos a bajar del delirio de la fiebre.
-Te quiero.- dijo Martín, pareció casi indescifrable entre sus malas respiraciones, pero Tiare lo había entendido, había escuchado en sueños una idea de como sonaría, pero nada se comparaba a su voz.
-Yo te quiero.- respondió ella. -Creo que me acabas de costar el trabajo.- 
Ambos se rieron, era algo inocente y a su vez sucio.
Tiare se apresuró a buscar su polera, cayendo en cuenta de su desnudez y sintiéndose avergonzada. Martín tuvo la impresión de que no quería que la viera así ahora que el momento había terminado, así que con dificultad desvió la mirada.
-¿Qué haces?.- preguntó Martín. 
-Terminó mi turno, tenemos que irnos.-
Martín se incorporó buscando su ropa, observó el desorden literario y pensó que desde sus tumbas los filósofos se sentían orgullosos. Tiare fue hacia el mostrador a acomodar unos papeles, Martín llegó al instante recogiendo su camisa. Ella le estaba dando la espalda y él se puso detrás, se acercó a su oído y con su brazo la rodeo.
-¿Tenemos que irnos a nuestras casas? ¿o podemos irnos juntos?.-
Tiare sonrió, Martín hacía preguntas tan obvias como la tabla del cero, pero eso le encantaba.
-Yo sé lo que quiero.- Se giró para enfrentarlo.- ¿Lo sabes tú?.- 
-Podría contártelo mientras te llevo al cine y luego a comer.- 
-¿De la mano?.-
-Y en público.-
-¿De la mano, en público y con mi hermano?, no sé que dirá la gente.- tenía el cuello de él rodeado y su cabeza inclinada, con su cabello cayendo en un desorden que cedía a cada pequeño movimiento.
-Justo ahora eres toda mi gente favorita, además... me debes un regalo de cumpleaños. todavía tengo una nota que considero un cupón y quiero cobrarlo.-
-Tienes suerte de que sea válido hasta agotar stock.- 
Martín la atrajo más para sí.
-Tengo más suerte de la que había soñado.-
Y se besaron. Eran un fuego en medio de un desorden, eran parte del orden natural. 
Eran, cada elemento... Eran. ¿Qué más podían querer?

Tiarin un amor de las aulas: Agua y Fuego (pate 1)

Cap. X: Agua y Fuego (parte 1)

Despertó muy agitada, se encontró a si misma en el medio de la nada a oscuras... ¿qué podía perturbarla tanto es su tan cómoda oscuridad?
-Mierda la nota.-  dijo
-¿Qué te pasa? son las dos de la mañana.- preguntó su amiga abriendo un ojo. 
-Nada, solo me acordé de algo. Duérmete.- 
'Voy a tener que depilarme' pensó y se abandonó al sueño.


Martín casi no concilió el sueño. Era como si el hecho de dormir lo fuera a alejar de las cosas reales y en ese momento de su vida por primera vez en mucho tiempo estaba loco por la realidad.
Pensó en muchos detalles, no quería que ella pensara que él iba solo en busca de eso, pero tampoco quería quedar como el hombre tierno de los lindos besos. Estaba cansado de ser tierno y no estaba seguro como dejar de serlo. Solo sabía que desde que la vio sonreír al pasar por su lado se determinó a no tener miedo a pesar de las amenazas de expulsión de su jefa.
Su jefa, su suegra. Eso era algo que debía aclarar; estaba seguro que el hecho de terminar con la hija de Figueroa era un ticket seguro al desempleo, además esa mujer estaba loca y obsesionada por las relaciones que su hija tenía. Lo había agobiado tanto con la idea del matrimonio que él terminó cediendo, pero a ese punto ya comenzaba a preocuparle las manipulaciones de la mujer. Algo era cierto sí, no podía perder su sueldo pues estaba ayudando a su papá con los gastos médicos.  Además su condición había mejorado con la feliz noticia de un casamiento, no quería romper su corazón.
Martín parecía tener clara sus prioridades, pero las olvidaba cuando la veía. Algo tenía en su aura de misterio que lo atrapaba. No solo quería hacer un vínculo de profesor y de amigo, él quería ir más allá.
No pudo soportarlo más y agarró su celular, marcó y espero la respuesta, sonó y sonó y nada.
-Son las 6 de la mañana.-
pensó en lo inapropiado de la llamada, pero tenía que hacer bien las cosas.
Volvió a marcar.
Nada.
Lo intentó una vez más.
-¿Aló?.-
Martín suspiró, escuchar su voz siempre le hacía cosquillas.
-Tiare, soy Martín.-
-Martín,- hubo una pausa.-¿Qué pasa? ¿te pasó algo?.-
- No, no... es solo que... ¿puedes ir a la playa?.-
hubo un raro silencio.
-¿Ahora?, son las 6.-
-Sí, pero tienes que ir, es... importante, como sea.. si no quieres lo respeto, pero... por favor dime que quieres... digo ir a la playa, eso quieres yo lo sé.-
-Voy a ir, ¿media hora está bien?.-
-Perfecto.-
-Eres muy raro profesor Cárcamo.-
- Oye Tiare.-
-¿Qué pasa?.-
-Nada, solo que hoy es mi cumpleaños.-
Cortó.

Elena había despertado con el  sonido del celular, miró la hora... las seis de la mañana. Suspiró.
Su amiga no se movía a contestar.
-Tiare, Tiare, apagalo tengo sueño.-
-Es una llamada.- dijo ella mientras se estiraba de a poco.
-Contesta puede ser Martín y puede estar herido o algo así.-
Se rieron.
Elena se determinó a volver a sus sueños llenos de gente famosa, cuando algo la alertó.
-Martín.- dijo Tiare.
Supo que esa era su entrada, se sentó velozmente en la cama y la miró fijo. Después de escuchar lo que pudo se dirigió al closet.
Tiare estaba mirando un zapato en el suelo sentada en la cama.
-Tiare, despierta, tienes media hora y tienes que depilarte.-
Su amiga la miró muy extrañada.
-No, ¿de qué?, no sé que te pasa, solo voy a la playa.-
-Sí con un look casual que diga que recién te levantaste, pero que en verdad estaba previamente determinado, mira me has tenido despierta en la noche con tus susurros, Que ay Figueroa me odia, Ay! se va a casar. Ay! el ascensor. El papel que indica tu fantasía con un profesor. Si que te vayas a la playa es mi única oportunidad para dormir dos horas seguidas sin spoilers de este entretenido melodrama voy a hacer lo posible porque ocurra bien, Así que tu busca unos lindos pantalones y yo prendo el calefón, te voy a dejar un café en la mesa y por favor ponte una cuchara en los ojos porque están terribles. A y limpiate el mapache.-
*sonrisa típica*
-El de la cara, estúpida.-
Tiare se rió, no protestó y comenzó a buscar que ponerse.
Era el cumpleaños de Martín, lo justo era llevarle un regalo, pero ¿qué podía conseguir en media hora? Daba igual, ¿por qué la quería a las 6 de la mañana en la playa? No me pienso meter al agua, ¿y si hay sol? ella odiaba el sol.
Eligió su polera de colores (la única de colores que tenía) y sus calzas negras con sus zapatillas, negras.
Se metió a la ducha pensando en cuántos años podría cumplir Martín, quizás era demasiado agresivo preguntar. En el fondo la edad no le importaba en lo más mínimo, pero le habría gustado saber cosas de él. ¿Qué signo era?, ¿y en el horóscopo chino?, quizás así podría hacer esos test de compatibilidad. Saber de su banda favorita, en verdad no sabía nada de él, ni de sus padres, excepto lo que le dijo Figueroa y en verdad no le había creído una palabra.
Salió de la ducha se maquilló rápidamente y tomó su café, hacía frío y agarró su polerón y se tomó el pelo húmedo.
Llegó a la playa principal de Viña, solo tardaba 5 minutos desde su casa.
Recorrió el sector con la mirada, no reconocer a Martín porque la playa era un sector muy grande y ella era ridículamente ciega sin lentes. Pero lo vio. De espaldas mirando el oleaje, ya podía reconocer su silueta borrosa. Le pasaba con poca gente. Se acercó con timidez, quizás estaba triste y por eso la llamó. Sintió que si estaba ahí le correspondía animarlo, sorprenderlo, eso le habría gustado a ella en su cumpleaños.
Corrió hacia él, cuando se encontraba lo necesariamente cerca se avalanzó sobre él, empujándo su espalda y cayendo ambos a la arena.
Cerró los ojos mientras se reía. Él no dijo nada. Cuando su risa se fue y lo contempló un hilo frío le recorrió todo el cuerpo. Era, no sabía quién. Pero definitivamente no era Martín.
Se apresuró a ponerse de pie y ayudar al caballero que la miraba con una expresión divertida.
-Disculpe, lo confundí.- Agachó la cabeza para ocultar su cara, pero sentía que podía se podía leer las líneas de humillación en su rostro.
-No se preocupe, jajaja, solo no lo vuelva a hacer, tenga buen día.-
El hombre le dio la mano y volvió a su posición original, meneando la cabeza de forma divertida.
Tiare giró sobre sus talones y se tapó la cara, con expresión horrorizada, emprendió camino mirando el suelo, no sabía a dónde iba y ya no importaba dónde estaba Martín, solo tenía que salir de ahí.
Algo la golpeó, fuerte en la frente.
Lo miró, era él.
- De película, ¿verdad?.-
estaban sentados en la arena sobándose la frente y sonriendo con una mueca clara de dolor.
Martín se acercó a ella y le agarró la mano, la bajó y le besó la frente.
'Mierda, esto es un clissé'. pensó Tiare. 'Por favor que no diga...'
-¿Mejor?.- dijo Martín.
'¿Mejor? es broma, un beso fome de papá en la frente es de repente la cura para un golpe' toda una teoría de lo estúpido del momento mágico la abordó y estuvo a punto de mencionarlo, cuando se dio cuenta que se había demorado demasiado en dar una respuesta.
-Lo sé, es una copia de una película adolescente. Chocar y el tierno beso en la frente. Lo siento, es que a veces no puedo evitarlo.-
A Tiare le pareció divertido, se estaba disculpando por ser tierno, que lindo.
- Estoy mejor ahora.-
Martín se puso de pie y se sacudió, miro a los lados esperando que ella se levantara, pero solo lo miró impaciente. Tiare gesticuló para que la ayudara a ponerse de pie. Pero él no captaba la idea.
-¿Un poco de ayuda?.-
Martín se agarró la cabeza, y luego se rascó la nariz, parecía confundido y descontrolado y aún no había reaccionado a darle la mano.
Tiare lo miró con extrañeza, divertida y asumió de que no la ayudaría. 'No sucederá'. Se sacudió las manos en las calzas y de la nada la mano de Martín apareció frente a ella. La miró, temblaba... Miró a Martín que tenía una expresión de "perdona mi lentitud". Algo en su mente se iluminó, con Martín nunca sabía que hacer, pero ahora las instrucciones de uso de habían revelado. Agarró su mano y lo empujó hacia ella. cayendo de espaldas con él a su lado.
Se rieron. Se miraron.
-Feliz cumpleaños, gracias por invitarme a tu fiesta.- dijo mientras gesticulaba apuntando a la playa.
Martín se acercó y se apoyó en sus codos, agarró las muñecas de Tiare y las apoyó en la arena sobre su cabeza. El pecho de ella se aceleró y su nariz empezó a despedir aire caliente.
-Tú eres mi fiesta.-
Y la besó.
Los sonidos del beso eran silenciados por el reventar de las olas, luz, aire y ahora agua. Una fuerte corriente los consumía. Fluían los besos con facilidad entre risas y miradas. Era una helada mañana, pero el clima no era parte del lenguaje secreto de ellos.
Un sonido de celular comenzó a sonar.
Se separaron sin dejar de tocar sus manos.
-Son las 7 y media, tenemos clases a las 8.-
- Podría tomarme una licencia, es mi cumpleaños.-
Tiare lo miró sorprendida.
-Martín, ¿sí sabes que hoy es la prueba oral verdad?.-
Martín palideció y su sonrisa se borró.
-Tenemos que irnos, o Figueroa.-
Tiare se puso seria, no sabía como responder a eso, sabía que como profesores del curso ambos tomaban la prueba individual, es decir que serían los tres en una sala. Agachó la cabeza con un poco de tristeza. Martín lo notó.
-Tiare, vamos a hablar luego de eso. Ahora mejor nos vamos, tenemos que cumplir.-
Cumplir... Tiare odiaba esa palabra. Todo en su vida giraba para eso, ¿qué pasaba con lo que realmente quería? Martín era parte de las cosas que hacía por puro deseo y no por deber. Pero supuso que alguien tan interesado en su trabajo jamás iba a comprenderla.
-Esta bien, vamonos.-
Se puso de pie y emprendió camino, pensó que lo mejor era adelantarse y llegar primero ella para no levantar sospechas. Pero Martin la alcanzó y le tomó la mano. Eso la estremeció, hacía mucho tiempo desde que había caminado de la mano con alguien y las últimas veces de eso siempre había sido en lugares donde nadie lo notaba, este era un lugar concurrido, aún cuando era el inicio del día. Martín estaba comprometido, pero no tenía miedo de caminar con ella. No entendía nada sobre él, pero no le importaba. Con todo en contra de alguna forma él era para ella, de ella.
Martín comenzó a conversarle sobre lo mucho que le gustaba la playa y como le traía recuerdos de su infancia.
 Iban a caminar hasta la Universidad que quedaba tres cuadras más arriba (arriba en el cerro).
-¡Martín!, ¡mi niño!.- se escuchó a lo lejos.
Ambos giraron la cabeza, una mujer venía hacia ellos. Vestía ropa deportiva y llevaba un perrito con una correa.
-¡Mi niño!, ¿cómo ha estado?.- dijo mientras miraba las manos de ellos. La mujer abrió mucho los ojos y sonrió, intentando mantener la compostura, pestañeó mirando a Martín fijamente, esperando una explicación.
Tiare apretó la mano de Martín para que reaccionara.
-Señora July, hola, he estado muy... ocupado.- miró en dirección a Tiare.- ella es Tiare.-
Tiare soltó a Martín y extendió la mano para saludar.
- Mi hermana.- dijo él.
- ¡Ella es! pensé que estaba en el sur, un gusto mi niña, su hermano es el futuro marido de mi sobrina asi que vamos a ser todos familia.-
La sonrisa en el rostro de Tiare desapareció e intento disimularlo, agachó la cabeza ocultándose tras su cabello.
La mujer lo notó, pero no dijo nada.
-La Marce, me dijo que no has ido a ver a su hija, muy mal para un futuro marido.-
-La señora Figueroa sabe todo el trabajo que tengo, pero no se preocupe hoy voy a celebrar mi cumpleaños a su casa.-
-Bueno entonces me voy a pasar a ver a los tortolitos y comer torta, ahora me voy es importante hacer al menos media hora de ejercicio.- Miró a Tiare por un segundo.- Espero verla en el cumpleaños de su hermano, en la casa de su futura cuñada hoy.-
Tiare no pudo evitar creer que lo decía con malicia. La miró directamente y dijo.
- Hoy trabajo, pero seguro que mi hermano, arreglará todo para que nos veamos otro día.- no bajó por ningún segundo la vista, esa mujer tenía la misma mirada venenosa de su hermana.
-Bueno nos vamos.-
La mujer siguió su camino y ellos continuaron en silencio.
Martín retomó la conversación de su infancia, contándole algo sobre el colegio.
-¿Martín, cuántos años tienes?.-
-26, ¿por qué?.-
-Porque actúas exactamente igual al idiota que me rompió el corazón cuando tenía 16.-
-Tiare, sabes que es complicado.-
-No, lo que sé me lo contó tu suegra y ni siquiera te has dado el tiempo de contarme lo que pasa, todo lo que ella dijo suena sacado de un mal libro de conspiración y tú solo dices que después lo hablaremos, No quiero, no me importa si no quieres que esto sea algo real, Pero no voy a estar donde alguien más puede salir herida. Sé que tu "futura mujer" no es lo que quieres y que quizás estás ahí porque necesitas el trabajo. Puedo respetar eso, pero no que además juegues conmigo. Haciendome creer que..-
-¿Creer qué?.-
-Que quizás ibas a dejarla, porque está más que claro que ella no es importante, ella no es tu fiesta y estoy segura que no te ve como yo.- rompió en llanto.- Quieres tu vida, entonces no me llames, ni me busques y te juro que no volveré a seguirte ni buscarte, solo no me hagas esto, es tonto y ridículo.-
-Tiare, no puedo.-
-Yo tampoco.-
Ella se dio la vuelta y siguió su camino. Sola con las manos libres y los ojos hechos agua.
Llegó a la Universidad, pasó al baño se lavó la cara y pasó a comprar un café. Tenía que dar la prueba con sus personas menos favoritas en ese momento, pero no iba a dejar que creyeran que le importaba.
Vio a Martín pasar corriendo hacia el salón de la prueba.
La hora empezó a avanzar y sus compañeros ingresaban uno a uno. Y entonces fue su turno.
Parecía una escena de una película extranjera. Todo pasaba en blanco y negro, y ella caminaba serpenteante hacia la puerta que dejaba escapar un poco de luz. Al ingresar ahí estaba, una silla que con el sonido de una percusión se iluminaba con un foco único, ella se sentó y levantó la mirada y allí bajo una luz azul estaba Martín, siendo agua. Y bajo una luz verde monstruosa estaba Figueroa, siendo una vieja de mierda.
Tiare pensó que todo eso era demasiado drama, asique apagó el relato extranjero y lo aterrizó,
Ninguno de los dos la miraba a los ojos, solo hacían las preguntas y ella respondía. Los oídos le zumbaban y pareció que todo pasó en cámara rápida.
Salió de la sala sin saber que había pasado.
Subió las escaleras y vio a su amiga fumando en una banca. Se acercó a ella no dijo nada, y sacó un cigarro.
Elena supo que algo andaba muy mal, eso no era normal. Pero no dijo nada.
-¿Cómo estuvo?.-
-Como agua.-
hubo un silencio.
-¿Y ahora?.- preguntó su amiga mirando a la nada.
-Se hizo humo.- respondió Tiare cerrando los ojos con fuerza.
Todo era borroso y tóxico, como humo.




jueves, 23 de octubre de 2014

Tiarin un amor de las aulas: Eran alas.

Cap. XIX: Eran alas.

Se miraban, en clases... mientras él explicaba algo sobre verbos se miraban. Mientras él entregaba guías se miraban, todo el tiempo aún en el patio se buscaban para mirarse.
-Parece que te va absorber con los ojos.- dijo Elena en el almuerzo.- Ya enserio, ¿no han hablado nada? ¿ni por facebook?.- 
Tiare se reía cada vez que lo contaba -No, solo... fue el beso y nada más.- 
-Pero y... ¿no se van a volver a ver? ¿es calentura? ¿se quieren? ¿van a andar frente a todos?.-
-No, no sé. Da lo mismo.-
Tiare no había olvidado lo que pasó en la oficina de Figueroa, le había hecho jurar a su amiga que no diría nada sobre el beso de Martín, pero nunca le mencionó la restricción de un mes de la señora loca y no se proponía hacerlo. Hay temas que no nos conviene confiar a otro. 
-Oye, acuerdáte que me prometiste no decir nada del tema, nadie puede saber.-
-Sinceramente no creo que vaya a perder el trabajo, a nadie le importa un profesor que no es de planta.-
-Igual, no puede hacerme clases mi...- se calló, realmente no sabía como terminar esa oración.
-¿Tu qué? a bueno, supongo que si fuera importante lo hablarían y sería más simple terminar las oraciones del uno respecto al otro.- se levantó para retirarse, y cuando parecía ya no decir nada más se giró.- ¿Te veo el viernes?.-
Algo malo pasó por la mente de Tiare. Era tan poco creíble que tuviera un interés por trabajar un viernes por la tarde, a pesar de que los libros la envolvían similar a los brazos de Martín. 
-No puedo, tengo turno en la biblioteca.-
-Si esa es tu clave para sexo con Martín es bastante mala.- Su amiga se rió y se alejó. 
Ahora estaba sola en el instituto, sola para ir a ver si Martín podía terminarle las oraciones, o solo para mirarlo. 
La verdad su fuerte intuición le decía que lo que sea que Figueroa tenía en su contra era inventado, eso de sectas y deudas parecía una mala razón. Quizás si Martín le dijera la verdad... fue hacia el estacionamiento para ver si se hallaba en su auto. Bajó las escaleras por el jardín y giró a la derecha por la entrada de peatones al recinto. La caseta de registro, por la cual era obligación pasar desde que el auto del decano había sido decorado por un estudiante con muy buena digestión, se hallaba cerrada.
Tiare movió la manilla varias veces, algo raro se escuchaba dentro. Se sintió muy incómoda como si estuviera irrumpiendo la intimidad de alguien. 
Mr. Rich el jefe de docencia de su carrera abrió la puerta. El hombre no medía más de un metro 70 y a pesar de estar probablemente en sus 50s se mantenía en forma, con su cabello oscuro peinado hacia atrás. Algo sobre la sola precensia de ese hombre hacía que la atmósfera se tensionara, poseía un atractivo que por lo que se comentaba era efectivo con todas e incluso algunos hombres. Tiare siempre lo había visto sonriendo relajado, pero esta vez parecía molesto. Su cara fue de total sorpresa al verla. Tiare miró al interior de la sala y vio a una muchacha que le parecía familiar arreglándose el cabello. 
-Nos habíamos quedado encerrados.-  dijo Mr. Rich.
-Sí, claro lo que usted diga... ¿puedo pasar?.- 
La muchacha salió apurada de la caseta, Tiare agarró el lápiz y miró al sexy macho de los 50 subir el cierre de su pantalon mientras creía que era ignorado.
-Señor Rich, ya me anoté... por si ve al guardia le dice.-
-Martín Cárcamo está a cargo hoy, creo que estaba buscándo unos papeles para venir a trabajar aquí.-
-¿Un profesor hace la guardia?.-
-Bueno, si quiere paga extra...-
Algo sonó mal, ¿por qué iba a necesitar más dinero? ¿una deuda quizás?.
Bueno si lo veo le diré.
Mr. Rich salió dejando sensualidad en el aire, Tiare supuso que debía tener alguna herencia extranjera porque esa forma de caminar simplemente no era chilena.
Se dispuso a esperar a Martín allí, porque si alguien llegaba solo diría que estaba esperando al guardia fingiendo no saber quién es. 
Sacó un lápiz y papel para garabatear un poco mientras esperaba.
Hasta que Cárcamo abrió la puerta. Se veía muy serio, y pálido al verla una sonrisa se asomó en su cara. 
Ella no dijo nada. Lo vio ahí con su camisa arremangada y sus audífonos enredados un montón de papeles en la mano y su cara sonriéndole y los ojos besándola, aunque se hallaban a un metro de distancia. Ninguno de los dos parecía dispuesto a hablar, pero se comunicaban. Era simple hablar así, adivinarse el pensamiento de a poco. Ella dio el primer paso dejando el papel que tenía en su poder en la mesa. Llegó a una inocente distancia de amistad y tomó uno de los audífonos que él tenía puesto, sonrió. Lost Stars- Maroon 5.  
Please, don't see
Just a boy caught up in dreams
And fantasies

-Quería verte.- dijo él. -Pero no sabía como decírtelo, sé que hablaste con Figueroa.-
-No, Martín, no.- Dijo ella, y se acercó a él, se rodearon con los brazos y ella se apoyó en su pecho. Bailaban.
-No me importa, puede que a ti si, pero a mi no.- le dijo.
-Me importas.-
Algo pasaba por Tiare cada vez que alguien le expresaba algo así, se sentía avergonzada. A veces solo no podía creerse que alguien simplemente la quisiera, como si su único deber fuera sentir por otro, pero que nadie sintiera por ella. Pero le creía, a ese hombre que era un tímido profesor de manos temblorosas le creía. 

But don't you dare
Let our best memories bring you sorrow
Yesterday I saw a lion kiss a deer
Turn the page
Maybe we'll find a brand new ending
Where we're dancing in our tears

-Me importas.- dijo finalmente ella.
Y se besaron, y esta vez no era un rayo electrificando su ser. Esta vez eran alas abrigando sus miedos. Un beso que da alas, un beso que eleva. 
¿Era amor? ¿Era algo que duraría? ¿Capricho tal vez?
No importaba, pero si lo hacía. 
Cuando sus alas se desenredaron y sus ojos se reconocieron ella notó que los ojos de Martín temblaban. ¿Tenía miedo? Había algo muy oscuro en ellos, y por una extraña razón no importaba lo complicado que resultara quería entrar ahí e iluminar su terror hasta espantarlo. Algo le pedía que por favor no lo dejara ahí, que no se llevara la luz. Ella no podía abandonar esos ojos miedosos de inocencia robada. Sentía que debía protegerlos. Que iba a protegerlos. 
But are we all lost stars
Trying to light up the dark

La canción había terminado. El beso había terminado. Ese momento de inmensa vulnerabilidad se había guardado para siempre. Tiare sonrió, lo besó en la mejilla y desapareció tras la puerta.
Martín quedó allí de pie con la mano en la mejilla y un audífono colgando. Se sentó en el escritorio sonriendo y buscando la canción para poder reproducirla una vez más. Vio un papel en la mesa con unas letras llamativas.

Dónde hay destino triste estoy segura que nos toparemos, 
porque no está en sus planes,
pero sí en los míos.
Te vería un viernes fuera de los ojos de todos
y un lunes frente a su pesada mirada.
Y en cada ocasión el amor te haría. 
Martín miró el calendario, era jueves. 
Se miró al espejo, y era o un hombre o un pendejo. 
Decidió ser un hombre, guardó el papel y corrió a su auto. Había mucho que hacer antes del mañana. 

miércoles, 22 de octubre de 2014

Tiarín un amor de las aulas: Haciendo las cosas simples

Cap. VIII: Haciendo las cosas simples

Fue un largo fin de semana, pero no se dejó derrotar. 'Fue un momento de debilidad' pero ningún hombre hasta ese viernes la había hecho llorar así. Nunca más volvería a pasar.
Había alimentado su pena con música desgarradora y había sobrevivido, se encontraba lista para hacer de su lunes un día de ensalada como siempre.
De solo recordar a Martín diciendo 'no es tan simple como parece'. Soñó con verlo humillado en clases, pero no fue una noche grata... Desde que vió a Figueroa cavar una tumba no le parecía buena idea dormir. 
Para ese punto su rabia y pena estaban tan escondidas que se dejó en claro mientras se miraba al espejo que 'nada era complicado, él solo era un profesor más´. 
Llegó a la universidad con la misión de ser indiferente, llegó de las primeras a la sala con su tazón de café sin azúcar y eligió un puesto frente a la mesa del profesor. 'No le tengo miedo pensó', o por lo menos esa era la razón oficial de su elección de asiento, cuando la verdad quería que la viera, y la mirara como a una más para poder enterrar lo que sea que esa historia había sido. 
Los minutos comenzaron a avanzar, y sus compañeros empezaron a invadir los asientos, mas no había ninguna pista de Martín. 
'Va a llegar tarde, y desordenado pensó'. 'No, no importa, en quince minutos hacemos la lista y punto. Un profesor más'.
Se comenzaban a escuchar los susurros de hacer la lista y abandonar la sala. Sorpresivamente se sintió un sentimiento de unicornios muertos en el aire, Figueroa estaba en el umbral de la puerta. Con botas altas y su chaleco color concha vino resaltando encima de su ropa negra. Sostenía su libro de Grammar pre Intermediate de Longman, firmado por la eminencia Rod Ellis, un lingüista que todos en el campus amaban, algo que Figueroa solía repetir cada vez que descubría a alguien mirando su texto. 
Tiare la miró como en un desafío a muerte y la mujer le devolvió la mirada, algo le decía que ella sabía todo, y que quería castigarle por ello, pero no había hecho nada... realmente Martin no había mencionado su compromiso, de haberlo hecho nunca habría asistido al parto de su mascota, ni se habría escondido en su baño, tampoco lo habría masajeado sin camisa, bueno tal vez eso sí. 
-¿Qué hace aquí?.- preguntó Tiare con sequedad en la voz.
- I came here to talk to you, please follow me to my office.-
-¿Pero y la clase?.-
- Class suspenssion everybody, go home, now come with me.-
-Voy  a ir, cuando me trate como una persona y no como su alumna.-
- Esta bien, a mi oficina ahora,- 
A Tiare le pareció que su voz era más de perra en español, pero ya era tarde para pedirle un cambio de idioma.
Llegaron al séptimo piso del edificio, allí todos los profesores fijos tenían su guarida. Tiare miraba a lo largo del pasillo intentando adelantarse a cualquier cosa que podía pasar.
-No está aquí Tiare.- dijo Figueroa.
Hasta ese momento no se había preguntado que era lo que iba a hacer a su oficina, se hacía claro que ella sabía... y Tiare pensó en las consecuencias para Martín, NO. Ya no importaba él, se dijo. Sea lo que sea diré la verdad y me iré a hacer mi vida.
-Siéntate.- la invitó la asesina de mitológicas criaturas.
-Gracias.-
-No hay necesidad de aparentar aquí, no quiero jugar a la amabilidad y espero que entiendas muy claramente lo que voy a decir.-
-No entiendo de que..-
-No, tú no vas a hablar. Puedes creer que no me interesa lo que mis alumnos hagan y la mayor parte del tiempo me da igual, pero cuando se involucra a mi familia no me gusta que se conspire contra la felicidad de mi círculo, en especial de mi hija. Ya ha sido bastante maltratada por la vida, Martín es su posibilidad de ser felíz, de normalizarse. No sé que juego tienes con Martín, si tienes la fantasía del profesor estoy segura que Mr. Rich tiene la puerta abierta para quien necesite aprobar.-
Tiare sentía como su cabeza iba a explotar, estaba mareada y sentía las ganas de llorar en sus mejillas lista para aventurarse por sus ojos, 'Esto es una estupidez'.
-Señora, ya basta.-
-Martín, tiene una deuda sabes. Sé que mi hija no es lo mejor, pero Dios sabe que este acuerdo nos conviene a todos. No te metas en cosas de adultos. Aquí tienes tu vestido, estoy segura que te morías por volver a buscarlo, pero te ahorré ese paso.-
-Usted no tiene...-
-Aún no termino. Te has metido en un problema que va más allá de tí. Esta Universidad tiene un orden y un interés, y tú estás atentando contra eso.-
-No sé de qué me está hablando.-
-Por eso, porque no sabes debes hacer exactamente esto. Yo estoy a cargo de este curso, sé que si lo repites una vez más pierdes tu beca, ¿No sería eso una lástima?.-
-Pero mis notas son buenas.-
-No es sobre notas, nada lo es. Aquí mandamos los que necesitamos ciertos profesionales ahí afuera. Como tu amiga, conspirando para hacer un centro de estudiantes cuando ha estado inactivo por años.-
Tiare sintió pánico, ese era un plan que hasta donde ella sabía era un secreto de ambas, su amiga había dicho que se iba a familiarizar con el sistema antes de presentar la idea, y desde entonces no se había vuelto a mencionar. Seguramente Figueroa estaba al tanto de todo.
-Yo veo todo en esta carrera, y si quieres permanecer aquí vas a seguir ciertas condiciones.-
-¿Condiciones?.- la confusión de Tiare estaba a un nivel que sobrepasaba la infinitud del universo.
-Sí, son tres. La primera es que estarás a cargo de las ayudantías del primer nivel, los días viernes a las 8 de la mañana. Segundo harás turno doble en la biblioteca los martes y miércoles, tu paga será donada al fondo de investigación de lingüística. Por último tus exámenes tendrán  una exigencia del 80%  cada uno, sin promediar.-
-Usted no puede hacer esto, no puede cambiar mis estudios así solo porque fuí a la casa de un profesor en mi tiempo libre. Solo fui porque él necesitaba ayuda con su mascota y jamás fue mi intención dejar mi ropa allí. El profesor.- su saliva sabía horrible.- muy amablemente me cedió su ropa y lamentablemente tuve que apresurarme a salir, no pensaba volver, asumí que el traería la ropa el lunes y que todo seguiría su curso. Usted y su discurso de la universidad y la secta del terror de la cual está a cargo es tan insignificante para mí. Todo lo que la involucre a usted, a Mr. Cárcamo y a cualquier otro ser de esta institución.-
-Tiare, no todo es tan simple como crees.-
-¡Ya deje de decir eso!.- sentía que si alguien volvía a hablar de lo complicado de existir iba a explotar.- Las cosas son simples, yo solo quiero pasar este curso, para poder morir con un título en mis manos.-
Figueroa parecía en cólera, tenía los ojos muy abiertos y desesperados. Tiare estaba lista para el regaño y los gritos, pero la mujer solo dijo muy suavemente:
-Por favor no me grites, necesito explicarte algo.-
-Tiene cinco minutos.-
-Martín, tiene una deuda, no conmigo sino con esta Universidad. Conozco a su papá de pequeños, el pobre se enfermó y Martín tuvo que costear los gastos médicos después de titularse. Lo cual lo impidió de pagar el préstamo. La mamá de Martín intentó conseguir una anulación de los pagaré por medio de un trámite ilegal lo cual puso en evidencia una desviación de fondos de la universidad. Hubo un gran juicio y Martín sin trabajo ni dinero y una madre procesada por fraude y calumnias vino a pedirme ayuda. Soy parte de la directiva más antigua de esta carrera. Tengo cierto poder, pero a cambio debo dar cierta confianza que mantendré todo bajo control. Mi hija conoció a Martín y bueno, venía recién saliendo del divorcio... así que se arregló que si él entraba a mi familia su deuda podría ser aplacada y el juicio contra su madre anulado.-
-Nada es tan simple como parece.- se dijo sin poder respirar.
-La fecha es en un mes, y hay muchas vidas que podrán ser arregladas, la directiva lamentablemente se enteró de tu visita, y debo darte un castigo.-
-Por la directiva se refiere a usted, porque tiene miedo de que le robe el futuro marido a su hija.-
- No te sobrepases, pensé que no ibas a cooperar, pero bueno como pareces una persona razonable, solo tendrás turno nocturno en la biblioteca.-
-Ustedes creen que saben con quién hablan, pero la verdad cuando le digo que no me importa es la verdad, puede expulsarme... yo misma puedo irme de aquí, no voy a jugar a esto y además solo quier un título por cumplir con lo que se supone que debo.-
-Supuse que podías pensar eso, asi que... como a usted no le importa estoy segura que a su amiga sí.-
-¿Qué tiene que ver?.-
-Es simple, yo no quiero que revele toda la información que sabe ahora, mi única forma de obtener su silencio es mantenerla cerca hasta  que Martín se case y la deuda se perdone. Debe aguantar un mes aquí o su amiga será expulsada y estoy segura que a ella sí le importa.-
-¿Quiere que me aguante un mes trabajando en la biblioteca? Sin hablar con Martín y sin contarle a nadie lo que pasó. ¿Algo más? después de eso, puedo hacer lo que me plazca... ¿quedarme aquí o irme?.-
-Si pasa la tercera, podrá seguir o si lo estimas irte.-
-¡Un mes desde ahora?.-
-Desde mañana.-
Tiare se levantó y agarró el pomo de la puerta.
-Sabe, solo le gusta complicar las cosas porque quiere arruinar la vida de los demás solo porque su existencia es miserable. Que triste debe ser cada año ver pasar alumnos que la odian, que nunca la recordarán. Puede que yo haga este ramo tres veces pero le juro que no habrá un día de su vida ni la de Martín en que no pensarán en como casi les hago las cosas más complicadas.-
Salió de la oficina caminando orgullosa sin ganas de llorar, estaba tranquila. Martín la quería ella lo sabía, pero solo era demasiado infantil para notarlo. Si quería ser un imbécil debía serlo lejos de ella,
Mientras pensaba en el rey de Roma, lo vió aproximarse por el pasillo.
Martín venía con urgencia y con ganas de hablarle. Pero Tiare solo sonrió, lo esquivó y movió coquetamente su pelo mientras dejaba el séptimo piso como la diva más grande jamás existida. Llamó al ascensor y cuando lo abordó se giró y vió a Martín apresurarse para alcanzarla, tenía una expresión boba. Ella apretó el botón para cerrar la puerta pero el fué más rápido. La puerta se cerró tras él y en ese minuto el la tomó en sus brazos y la miró con firmeza. Dejaron sus cabezas muy próximas creando respiros acelerados.
-Hagamos las cosas simples.- dijo Martín y la besó.
Fue un rayo en los labios. Leche fría con agujas estimulando cada sentido con el suave contacto de la lengua, con el sabor de su boca conquistando cada ejercicio matemático que su mente nunca tuvo el interés de resolver. Un rayo electrificando lo que se supone que no debe jamás tener contacto con energía.
La puerta tras él se abrió y rápidamente se alejó. Se paró justo fuera del límite del elevador y se miraron fijamente clamando por otro beso en los ojos, pero impedidos por la gente, por la vieja, por la deuda, por la edad.  Y allí la dejó, en un ascensor en el sexto piso.
Sonriendo.






Tiarin un amor de las aulas: Mapache mojado.

Cap VII: Mapache mojado

Todo era confuso, el encierro de la habitación, el sonido de la puerta cerrándose a lo lejos. Quería correr, pero antes quería saber no, ella necesitaba una explicación.
Martín abrió la puerta lentamente y asomó la cabeza con timidez para verificar que nadie fuera a dispararle. Tiare estaba sentada en la orilla de la cama mirando por la ventana no se movió cuando él se sentó a su lado. 
Estuvieron allí un largo rato en silencio, esperando... él la miraba fijo aguardando a que ella se moviera, pero ella no lo miraba.
En ese momento Martín sintió que nunca lo volvería a mirar.
'Sin tu mirada tengo miedo' pensó.
-Martín, por favor... solo dime.- dijo ella.
-No quiero que te molestes, yo te iba a decir es solo que es un poco más complicado de lo que crees.-
-¿No pensabas decirme antes de invitarme aquí que te vas a casar?, ella podría venir... verme con tu ropa, no me gustan estas cosas complicadas.-
-Es que no es...-
-Deja de decir que no es lo que parece, escúchame porque solo lo diré una vez, conmigo no juegues... además estás relacionado a esa terrible mujer.-
-Tiare, por favor.-
-Dime que lo que dijo es mentira, dime que no te vas a casar o algo, o que al menos si somos amigos deberías confiarme algo así.-
-No podía decirte, o tú no ibas a querer hablarme, sé que odias a Figueroa y si sabías que es parte de mi vida no querrías ser mi amiga y esa idea, de no mirarte o no hablarnos es bastante mala.-
-Tú no sabes nada de mí, y esto solo prueba que lo que sea que estas jugando no es para mí...
Hubiese preferido que fueras un psicópata.-
-Entiende, se suponía que eras una estudiante más.-
-¿Solo una más? ¿Desde el primer día?.-
Martín hundió su mirada y cerró sus ojos.
-Sí, así que mejor no volvamos a hablar.-
Tiare agarró su bolso y se fue, corriendo y olvidó que no era su ropa la que tenía para cuando lo notó abrazó la polera del infantil y mentiroso Martín y memorizó su olor, se permitió llorar como lo hacía pocas veces y caminó hasta su casa.
Se rindió en su cama y desapareció en un sueño, donde era pequeña otra vez y jugaba en un columpio mirando una mujer cavar algo en la tierra, la mujer vestía de negro y solo podía ver sus dientes amarillos cuando volvió la cara pudo reconocerla... Figueroa.
-Tiare, Tiare.- dijo su amiga.
Tiare abrió un ojo, y vio una silueta con una cara un tanto impactada.
-Tiare, fui a donde el profe, me entregó tu celular y me dijo que no le dijera a nadie que lo había visto así.-
Alivió un poco a la razón de Tiare escuchar que su amiga lo veía como un simple profesor. Porque eso debía ser desde ahora.
-Pareces un mapache mojado.-
Tiare rompió en llanto, le contó de los perritos y el vestido, del baño de Figueroa, del casamiento, de lo complicado de las cosas.
Dijo todo y más de lo que pensó que tenía adentro.
Su amiga la miró sorprendida. Tiare nunca solía perder así el control, además nunca la había visto llorar así, como un mapache mojado.
La abrazó, sabía lo mucho que la molestaban los consejos inútiles y las repeticiones de la obvia verdad. Se quedaron ahí abrazadas, se sentían fatal. Su amiga solía llorar por cualquier cosa, siempre perdía el horizonte y exteriorizaba sus penas... a veces se olvidaba que no era la única sufriendo.
-No, Tiare... Él está mal, si cree que eres una más, porque no lo eres... digo la hiciste de enfermera de perros en un vestido caro el cual ni siquiera recuerdas, además cada vez que algo le pasa en tu presencia estás ahí para solucionar lo que sea que necesites. Siempre salvándolo y si él cree que eso lo haría una más está equivocado... solo piensa que él fue uno más, gracias a tí. Porque antes de eso no era nada, nunca dejes que otro te haga sentir que algo no fue tu decisión.-
-Eso suena bastante inteligente.-
-Tú me lo dijiste, una de las mil veces que he llorado por alguien.-
-Lo eres, no más mapache mojado por ese tipo por favor.-
-No más.-
Y otra vez ella y su amiga sabían que ese no era el final... pero ninguna dijo nada porque en su código se permitía engañarse un poco para hacer la vida más llevadera.



jueves, 25 de septiembre de 2014

Tiarin un amor de las aulas: Revelaciones.

Cap. VI: Revelaciones.

En el baño empezó a cambiar su ropa con manchas, la puso sobre el fierro de la ducha y se puso la polera que Martín le había traído, las tortugas ninja se lucían en ella, era lo bastante ancha para funcionar como vestido, pero no quería correr el riesgo de mostrar demasiado, asi que de igual forma se puso los calzoncillos largos que él le facilitó. Salió del baño esperando que se riera de ella por negarse a dejar sus botines, pero lo encontró en el sillón acomodando a los cachorros.
-Martín, creo que es mejor si los dejas en el suelo, con su mamá.- 
-Pero el suelo está frío.- replicó.
-Solo baja a los cachorros.-
Martín hizo caso, los acomodó en un riconcito encima de una alfombra.
-Cuando estén grandes te puedes llevar uno.- 
-No creo que pueda, no paso mucho en mi casa.-
-Ni yo en la mía... claro en esta sí, pero me refiero a mi real casa, como sea. ¿Quieres tomar algo?.-
Tiare se había preparado para no negarse a la posibilidad de tomar alcohol, lo había practicado siemplemente debía hacerse la tonta y aceptar lo que sea que le trajera. 
-Sí, me encantaría.-
Martín fue a la cocina, Tiare pensó en un vino tinto, quizás una cerveza artesanal... aunque ambas cosas creaban un ambiente poco favorable para la amistad quería en el fondo beber con él, y reír con él, dejando ambas timideces de lado.
-¿Te gusta normal o light?.-
-Em... normal.-
Martín volvió con un vaso en la mano.
-Aquí está tu bebida.-
-¿Bebida?.-
-Sí, averigué un poco que gustos tenías... tu amiga dijo que casi nunca bebes y que lo mejor era una coca cola, pero no sabía de cual.-
Y como siempre en esta historia, Tiare olvidó el punto central de la historia para desviarse una vez más sobre la información que solo a ella le parecía relevante.
-¿Qué más averiguaste?.-
Martín se sorprendió, quisiera él o no... esa era una de las jugadas de su conquista... le había sacado información a su amiga a cambio de una ensalada, ella había sido amable aun que él dejó claro que se interesaba por nada más que una buena onda, su amiga había respondido que lo bueno no le quitaba la onda y así Martín había logrado saber que comprar para comer y tomar. 
Tiare se molestó, por supuesto que alguien podía responder por ella y las cosas que quería si esa persona la conocía, pero esto no era sobre algo trivial... ese día ella quería algo diferente porque por algún motivo él la hacía sentir diferente. Pero odiaba que asumiera por ella y averiguara cosas que ella no podía controlar.
-Solo lo que te gusta tomar.-
-Podrías haberme preguntado, en vez de ignorarme toda la semana.-
-Tiare, tengo cosas que hacer, trabajar es difícil.-
-Yo lo sé, pero saludarme no te mataría.-
¿Realmente importaba todos los momentos de conexión única que experimentaban?, frente al hecho de que la mayor parte del tiempo solo imaginaban que pasaba por el otro... y aun que hablaran de ser amigos, habían cruzado muy pocas palabras y conocían muy poco sobre el otro.
¿Qué era eso? una cita para ver películas en grupo y comentar que Martín nunca notó que su perra iba a parir, Coqueteos varios que llevan a la incómoda conversación de que no son algo más tomándose turnos para lamentarse por ello.
-Realmente ridículo.- dijo él.
Ella se sorprendió, como si su análisis fuera algo que se hubiese escuchado fuerte y claro en toda la casa.
-¿Qué cosa? el andar averiguando por otros, ese juego de niños, bastante ridículo.-
-No, no me refería a eso... me refiero a que cualquier otra estaría agradecida que me tomara el tiempo de saber, de preocuparme.-
-Yo no quiero lo que cualquier otra quiere, no sé si lo notaste pero no disfruto mucho estar donde estoy, no quiero lo que la mayoría, ni sueño como la mayoría; si realmente hubieses estado interesado te habrías acercado para darte cuenta de lo diferente que soy.-
-NO PUEDO ACERCARME A TI EN LA UNIVERSIDAD.- estaba gritando.
-¿POR QUÉ? porque eres un profesor, te veo siempre almorzando con alumnos, o en la sala solo... ¿qué tiene que me digas hola?, no es como si fuera un asesinato o alguien se enojara.-
-Por favor.- rogó él.- no digas eso, es solo que no puedo.-
-Bueno yo no puedo soportar sentir que soy un problema porque me topé contigo en un mal día, tú sabes que no me debes nada.-
-Lo sé.- dijo él mirando el suelo.-Tiare.- dijo y se estiró a agrarrar su mano.- Quisiera contarte.-
~Alguien llamaba a la puerta~
-Quizás luego.- dijo secando sus ojos. Hasta ese momento ella no dimensionó que estaba llorando.
-Buenas tardes Martín.- se escuchó en una voz familiar y triste a la lejanía... una voz que le alteraba un poco, una voz... que causaba la muerte de un unicornio.
-Profesora, me espera tengo los perros sueltos, la haré pasar enseguida.-
Martín llegó corriendo a donde Tiare, ella tenía una cara de muerte; 'Qué hace esa mujer aquí'. No hubo más charla, Martín tomó su brazo y la llevó a su pieza.
-Quédate aquí en silencio.- 
Y desapareció cerrando la puerta.
Tiare sentía que iba a explotar. A morir. Figueroa en la casa de Martín, un viernes.
Quizás ella había planeado el asesinato y él solo era un cómplice. Estaba segura que esa mujer era capaz de hacer algo así. 'Voy a morir aquí'. Agarró su celular dispuesta a llamar a su amiga para que la rescatara, pero luego comenzó a escuchar voces del otro lado de la puerta.
-Mi nieto está muy bien, no lo has ido a ver seguido.-
-He estado hablando con su hija, pero se me ha hecho imposible ir.-
-Deberías preocuparte más, si ella será tu esposa en un mes no pueden pasar más de dos días sin verse.-

'Esposa'. La palabra resonó tan fuerte en sus oídos que sintió que se desmayaría. 'esposa,esposa,esposa'. Y como siempre mal concentrada llegó a la conclusión de que cuando él dijo amigos, lo decía enserio. Y aunque en sus sueños no podía negar que lo quería más en su realidad no podía ni siquiera intentarlo. Era la esclava de la realidad en la que había una esposa.