Cap. XIX: Eran alas.
Se miraban, en clases... mientras él explicaba algo sobre verbos se miraban. Mientras él entregaba guías se miraban, todo el tiempo aún en el patio se buscaban para mirarse.
-Parece que te va absorber con los ojos.- dijo Elena en el almuerzo.- Ya enserio, ¿no han hablado nada? ¿ni por facebook?.-
Tiare se reía cada vez que lo contaba -No, solo... fue el beso y nada más.-
-Pero y... ¿no se van a volver a ver? ¿es calentura? ¿se quieren? ¿van a andar frente a todos?.-
-No, no sé. Da lo mismo.-
Tiare no había olvidado lo que pasó en la oficina de Figueroa, le había hecho jurar a su amiga que no diría nada sobre el beso de Martín, pero nunca le mencionó la restricción de un mes de la señora loca y no se proponía hacerlo. Hay temas que no nos conviene confiar a otro.
-Oye, acuerdáte que me prometiste no decir nada del tema, nadie puede saber.-
-Sinceramente no creo que vaya a perder el trabajo, a nadie le importa un profesor que no es de planta.-
-Igual, no puede hacerme clases mi...- se calló, realmente no sabía como terminar esa oración.
-¿Tu qué? a bueno, supongo que si fuera importante lo hablarían y sería más simple terminar las oraciones del uno respecto al otro.- se levantó para retirarse, y cuando parecía ya no decir nada más se giró.- ¿Te veo el viernes?.-
Algo malo pasó por la mente de Tiare. Era tan poco creíble que tuviera un interés por trabajar un viernes por la tarde, a pesar de que los libros la envolvían similar a los brazos de Martín.
-No puedo, tengo turno en la biblioteca.-
-Si esa es tu clave para sexo con Martín es bastante mala.- Su amiga se rió y se alejó.
Ahora estaba sola en el instituto, sola para ir a ver si Martín podía terminarle las oraciones, o solo para mirarlo.
La verdad su fuerte intuición le decía que lo que sea que Figueroa tenía en su contra era inventado, eso de sectas y deudas parecía una mala razón. Quizás si Martín le dijera la verdad... fue hacia el estacionamiento para ver si se hallaba en su auto. Bajó las escaleras por el jardín y giró a la derecha por la entrada de peatones al recinto. La caseta de registro, por la cual era obligación pasar desde que el auto del decano había sido decorado por un estudiante con muy buena digestión, se hallaba cerrada.
Tiare movió la manilla varias veces, algo raro se escuchaba dentro. Se sintió muy incómoda como si estuviera irrumpiendo la intimidad de alguien.
Mr. Rich el jefe de docencia de su carrera abrió la puerta. El hombre no medía más de un metro 70 y a pesar de estar probablemente en sus 50s se mantenía en forma, con su cabello oscuro peinado hacia atrás. Algo sobre la sola precensia de ese hombre hacía que la atmósfera se tensionara, poseía un atractivo que por lo que se comentaba era efectivo con todas e incluso algunos hombres. Tiare siempre lo había visto sonriendo relajado, pero esta vez parecía molesto. Su cara fue de total sorpresa al verla. Tiare miró al interior de la sala y vio a una muchacha que le parecía familiar arreglándose el cabello.
-Nos habíamos quedado encerrados.- dijo Mr. Rich.
-Sí, claro lo que usted diga... ¿puedo pasar?.-
La muchacha salió apurada de la caseta, Tiare agarró el lápiz y miró al sexy macho de los 50 subir el cierre de su pantalon mientras creía que era ignorado.
-Señor Rich, ya me anoté... por si ve al guardia le dice.-
-Martín Cárcamo está a cargo hoy, creo que estaba buscándo unos papeles para venir a trabajar aquí.-
-¿Un profesor hace la guardia?.-
-Bueno, si quiere paga extra...-
Algo sonó mal, ¿por qué iba a necesitar más dinero? ¿una deuda quizás?.
Bueno si lo veo le diré.
Mr. Rich salió dejando sensualidad en el aire, Tiare supuso que debía tener alguna herencia extranjera porque esa forma de caminar simplemente no era chilena.
Se dispuso a esperar a Martín allí, porque si alguien llegaba solo diría que estaba esperando al guardia fingiendo no saber quién es.
Sacó un lápiz y papel para garabatear un poco mientras esperaba.
Hasta que Cárcamo abrió la puerta. Se veía muy serio, y pálido al verla una sonrisa se asomó en su cara.
Ella no dijo nada. Lo vio ahí con su camisa arremangada y sus audífonos enredados un montón de papeles en la mano y su cara sonriéndole y los ojos besándola, aunque se hallaban a un metro de distancia. Ninguno de los dos parecía dispuesto a hablar, pero se comunicaban. Era simple hablar así, adivinarse el pensamiento de a poco. Ella dio el primer paso dejando el papel que tenía en su poder en la mesa. Llegó a una inocente distancia de amistad y tomó uno de los audífonos que él tenía puesto, sonrió. Lost Stars- Maroon 5.
Please, don't see
Just a boy caught up in dreams
And fantasies
-No, Martín, no.- Dijo ella, y se acercó a él, se rodearon con los brazos y ella se apoyó en su pecho. Bailaban.
-No me importa, puede que a ti si, pero a mi no.- le dijo.
-Me importas.-
Algo pasaba por Tiare cada vez que alguien le expresaba algo así, se sentía avergonzada. A veces solo no podía creerse que alguien simplemente la quisiera, como si su único deber fuera sentir por otro, pero que nadie sintiera por ella. Pero le creía, a ese hombre que era un tímido profesor de manos temblorosas le creía.
But don't you dare
Let our best memories bring you sorrow
Yesterday I saw a lion kiss a deer
Turn the page
Maybe we'll find a brand new ending
Where we're dancing in our tears
-Me importas.- dijo finalmente ella.
Y se besaron, y esta vez no era un rayo electrificando su ser. Esta vez eran alas abrigando sus miedos. Un beso que da alas, un beso que eleva.
¿Era amor? ¿Era algo que duraría? ¿Capricho tal vez?
No importaba, pero si lo hacía.
Cuando sus alas se desenredaron y sus ojos se reconocieron ella notó que los ojos de Martín temblaban. ¿Tenía miedo? Había algo muy oscuro en ellos, y por una extraña razón no importaba lo complicado que resultara quería entrar ahí e iluminar su terror hasta espantarlo. Algo le pedía que por favor no lo dejara ahí, que no se llevara la luz. Ella no podía abandonar esos ojos miedosos de inocencia robada. Sentía que debía protegerlos. Que iba a protegerlos.
But are we all lost stars
Trying to light up the dark
La canción había terminado. El beso había terminado. Ese momento de inmensa vulnerabilidad se había guardado para siempre. Tiare sonrió, lo besó en la mejilla y desapareció tras la puerta.
Martín quedó allí de pie con la mano en la mejilla y un audífono colgando. Se sentó en el escritorio sonriendo y buscando la canción para poder reproducirla una vez más. Vio un papel en la mesa con unas letras llamativas.
Dónde hay destino triste estoy segura que nos toparemos,
porque no está en sus planes,
pero sí en los míos.
Te vería un viernes fuera de los ojos de todos
y un lunes frente a su pesada mirada.
Y en cada ocasión el amor te haría.
Martín miró el calendario, era jueves.
Se miró al espejo, y era o un hombre o un pendejo.
Decidió ser un hombre, guardó el papel y corrió a su auto. Había mucho que hacer antes del mañana.
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