Cap VII: Mapache mojado
Todo era confuso, el encierro de la habitación, el sonido de la puerta cerrándose a lo lejos. Quería correr, pero antes quería saber no, ella necesitaba una explicación.
Todo era confuso, el encierro de la habitación, el sonido de la puerta cerrándose a lo lejos. Quería correr, pero antes quería saber no, ella necesitaba una explicación.
Martín abrió la puerta lentamente y asomó la cabeza con timidez para verificar que nadie fuera a dispararle. Tiare estaba sentada en la orilla de la cama mirando por la ventana no se movió cuando él se sentó a su lado.
Estuvieron allí un largo rato en silencio, esperando... él la miraba fijo aguardando a que ella se moviera, pero ella no lo miraba.
En ese momento Martín sintió que nunca lo volvería a mirar.
'Sin tu mirada tengo miedo' pensó.
-Martín, por favor... solo dime.- dijo ella.
-No quiero que te molestes, yo te iba a decir es solo que es un poco más complicado de lo que crees.-
-¿No pensabas decirme antes de invitarme aquí que te vas a casar?, ella podría venir... verme con tu ropa, no me gustan estas cosas complicadas.-
-Es que no es...-
-Deja de decir que no es lo que parece, escúchame porque solo lo diré una vez, conmigo no juegues... además estás relacionado a esa terrible mujer.-
-Tiare, por favor.-
-Dime que lo que dijo es mentira, dime que no te vas a casar o algo, o que al menos si somos amigos deberías confiarme algo así.-
-No podía decirte, o tú no ibas a querer hablarme, sé que odias a Figueroa y si sabías que es parte de mi vida no querrías ser mi amiga y esa idea, de no mirarte o no hablarnos es bastante mala.-
-Tú no sabes nada de mí, y esto solo prueba que lo que sea que estas jugando no es para mí...
Hubiese preferido que fueras un psicópata.-
-Entiende, se suponía que eras una estudiante más.-
-¿Solo una más? ¿Desde el primer día?.-
Martín hundió su mirada y cerró sus ojos.
-Sí, así que mejor no volvamos a hablar.-
Tiare agarró su bolso y se fue, corriendo y olvidó que no era su ropa la que tenía para cuando lo notó abrazó la polera del infantil y mentiroso Martín y memorizó su olor, se permitió llorar como lo hacía pocas veces y caminó hasta su casa.
Se rindió en su cama y desapareció en un sueño, donde era pequeña otra vez y jugaba en un columpio mirando una mujer cavar algo en la tierra, la mujer vestía de negro y solo podía ver sus dientes amarillos cuando volvió la cara pudo reconocerla... Figueroa.
-Tiare, Tiare.- dijo su amiga.
Tiare abrió un ojo, y vio una silueta con una cara un tanto impactada.
-Tiare, fui a donde el profe, me entregó tu celular y me dijo que no le dijera a nadie que lo había visto así.-
Alivió un poco a la razón de Tiare escuchar que su amiga lo veía como un simple profesor. Porque eso debía ser desde ahora.
-Pareces un mapache mojado.-
Tiare rompió en llanto, le contó de los perritos y el vestido, del baño de Figueroa, del casamiento, de lo complicado de las cosas.
Dijo todo y más de lo que pensó que tenía adentro.
Su amiga la miró sorprendida. Tiare nunca solía perder así el control, además nunca la había visto llorar así, como un mapache mojado.
La abrazó, sabía lo mucho que la molestaban los consejos inútiles y las repeticiones de la obvia verdad. Se quedaron ahí abrazadas, se sentían fatal. Su amiga solía llorar por cualquier cosa, siempre perdía el horizonte y exteriorizaba sus penas... a veces se olvidaba que no era la única sufriendo.
-No, Tiare... Él está mal, si cree que eres una más, porque no lo eres... digo la hiciste de enfermera de perros en un vestido caro el cual ni siquiera recuerdas, además cada vez que algo le pasa en tu presencia estás ahí para solucionar lo que sea que necesites. Siempre salvándolo y si él cree que eso lo haría una más está equivocado... solo piensa que él fue uno más, gracias a tí. Porque antes de eso no era nada, nunca dejes que otro te haga sentir que algo no fue tu decisión.-
-Eso suena bastante inteligente.-
-Tú me lo dijiste, una de las mil veces que he llorado por alguien.-
-Lo eres, no más mapache mojado por ese tipo por favor.-
-No más.-
Y otra vez ella y su amiga sabían que ese no era el final... pero ninguna dijo nada porque en su código se permitía engañarse un poco para hacer la vida más llevadera.
En ese momento Martín sintió que nunca lo volvería a mirar.
'Sin tu mirada tengo miedo' pensó.
-Martín, por favor... solo dime.- dijo ella.
-No quiero que te molestes, yo te iba a decir es solo que es un poco más complicado de lo que crees.-
-¿No pensabas decirme antes de invitarme aquí que te vas a casar?, ella podría venir... verme con tu ropa, no me gustan estas cosas complicadas.-
-Es que no es...-
-Deja de decir que no es lo que parece, escúchame porque solo lo diré una vez, conmigo no juegues... además estás relacionado a esa terrible mujer.-
-Tiare, por favor.-
-Dime que lo que dijo es mentira, dime que no te vas a casar o algo, o que al menos si somos amigos deberías confiarme algo así.-
-No podía decirte, o tú no ibas a querer hablarme, sé que odias a Figueroa y si sabías que es parte de mi vida no querrías ser mi amiga y esa idea, de no mirarte o no hablarnos es bastante mala.-
-Tú no sabes nada de mí, y esto solo prueba que lo que sea que estas jugando no es para mí...
Hubiese preferido que fueras un psicópata.-
-Entiende, se suponía que eras una estudiante más.-
-¿Solo una más? ¿Desde el primer día?.-
Martín hundió su mirada y cerró sus ojos.
-Sí, así que mejor no volvamos a hablar.-
Tiare agarró su bolso y se fue, corriendo y olvidó que no era su ropa la que tenía para cuando lo notó abrazó la polera del infantil y mentiroso Martín y memorizó su olor, se permitió llorar como lo hacía pocas veces y caminó hasta su casa.
Se rindió en su cama y desapareció en un sueño, donde era pequeña otra vez y jugaba en un columpio mirando una mujer cavar algo en la tierra, la mujer vestía de negro y solo podía ver sus dientes amarillos cuando volvió la cara pudo reconocerla... Figueroa.
-Tiare, Tiare.- dijo su amiga.
Tiare abrió un ojo, y vio una silueta con una cara un tanto impactada.
-Tiare, fui a donde el profe, me entregó tu celular y me dijo que no le dijera a nadie que lo había visto así.-
Alivió un poco a la razón de Tiare escuchar que su amiga lo veía como un simple profesor. Porque eso debía ser desde ahora.
-Pareces un mapache mojado.-
Tiare rompió en llanto, le contó de los perritos y el vestido, del baño de Figueroa, del casamiento, de lo complicado de las cosas.
Dijo todo y más de lo que pensó que tenía adentro.
Su amiga la miró sorprendida. Tiare nunca solía perder así el control, además nunca la había visto llorar así, como un mapache mojado.
La abrazó, sabía lo mucho que la molestaban los consejos inútiles y las repeticiones de la obvia verdad. Se quedaron ahí abrazadas, se sentían fatal. Su amiga solía llorar por cualquier cosa, siempre perdía el horizonte y exteriorizaba sus penas... a veces se olvidaba que no era la única sufriendo.
-No, Tiare... Él está mal, si cree que eres una más, porque no lo eres... digo la hiciste de enfermera de perros en un vestido caro el cual ni siquiera recuerdas, además cada vez que algo le pasa en tu presencia estás ahí para solucionar lo que sea que necesites. Siempre salvándolo y si él cree que eso lo haría una más está equivocado... solo piensa que él fue uno más, gracias a tí. Porque antes de eso no era nada, nunca dejes que otro te haga sentir que algo no fue tu decisión.-
-Eso suena bastante inteligente.-
-Tú me lo dijiste, una de las mil veces que he llorado por alguien.-
-Lo eres, no más mapache mojado por ese tipo por favor.-
-No más.-
Y otra vez ella y su amiga sabían que ese no era el final... pero ninguna dijo nada porque en su código se permitía engañarse un poco para hacer la vida más llevadera.
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