jueves, 25 de septiembre de 2014

Tiarin un amor de las aulas: Revelaciones.

Cap. VI: Revelaciones.

En el baño empezó a cambiar su ropa con manchas, la puso sobre el fierro de la ducha y se puso la polera que Martín le había traído, las tortugas ninja se lucían en ella, era lo bastante ancha para funcionar como vestido, pero no quería correr el riesgo de mostrar demasiado, asi que de igual forma se puso los calzoncillos largos que él le facilitó. Salió del baño esperando que se riera de ella por negarse a dejar sus botines, pero lo encontró en el sillón acomodando a los cachorros.
-Martín, creo que es mejor si los dejas en el suelo, con su mamá.- 
-Pero el suelo está frío.- replicó.
-Solo baja a los cachorros.-
Martín hizo caso, los acomodó en un riconcito encima de una alfombra.
-Cuando estén grandes te puedes llevar uno.- 
-No creo que pueda, no paso mucho en mi casa.-
-Ni yo en la mía... claro en esta sí, pero me refiero a mi real casa, como sea. ¿Quieres tomar algo?.-
Tiare se había preparado para no negarse a la posibilidad de tomar alcohol, lo había practicado siemplemente debía hacerse la tonta y aceptar lo que sea que le trajera. 
-Sí, me encantaría.-
Martín fue a la cocina, Tiare pensó en un vino tinto, quizás una cerveza artesanal... aunque ambas cosas creaban un ambiente poco favorable para la amistad quería en el fondo beber con él, y reír con él, dejando ambas timideces de lado.
-¿Te gusta normal o light?.-
-Em... normal.-
Martín volvió con un vaso en la mano.
-Aquí está tu bebida.-
-¿Bebida?.-
-Sí, averigué un poco que gustos tenías... tu amiga dijo que casi nunca bebes y que lo mejor era una coca cola, pero no sabía de cual.-
Y como siempre en esta historia, Tiare olvidó el punto central de la historia para desviarse una vez más sobre la información que solo a ella le parecía relevante.
-¿Qué más averiguaste?.-
Martín se sorprendió, quisiera él o no... esa era una de las jugadas de su conquista... le había sacado información a su amiga a cambio de una ensalada, ella había sido amable aun que él dejó claro que se interesaba por nada más que una buena onda, su amiga había respondido que lo bueno no le quitaba la onda y así Martín había logrado saber que comprar para comer y tomar. 
Tiare se molestó, por supuesto que alguien podía responder por ella y las cosas que quería si esa persona la conocía, pero esto no era sobre algo trivial... ese día ella quería algo diferente porque por algún motivo él la hacía sentir diferente. Pero odiaba que asumiera por ella y averiguara cosas que ella no podía controlar.
-Solo lo que te gusta tomar.-
-Podrías haberme preguntado, en vez de ignorarme toda la semana.-
-Tiare, tengo cosas que hacer, trabajar es difícil.-
-Yo lo sé, pero saludarme no te mataría.-
¿Realmente importaba todos los momentos de conexión única que experimentaban?, frente al hecho de que la mayor parte del tiempo solo imaginaban que pasaba por el otro... y aun que hablaran de ser amigos, habían cruzado muy pocas palabras y conocían muy poco sobre el otro.
¿Qué era eso? una cita para ver películas en grupo y comentar que Martín nunca notó que su perra iba a parir, Coqueteos varios que llevan a la incómoda conversación de que no son algo más tomándose turnos para lamentarse por ello.
-Realmente ridículo.- dijo él.
Ella se sorprendió, como si su análisis fuera algo que se hubiese escuchado fuerte y claro en toda la casa.
-¿Qué cosa? el andar averiguando por otros, ese juego de niños, bastante ridículo.-
-No, no me refería a eso... me refiero a que cualquier otra estaría agradecida que me tomara el tiempo de saber, de preocuparme.-
-Yo no quiero lo que cualquier otra quiere, no sé si lo notaste pero no disfruto mucho estar donde estoy, no quiero lo que la mayoría, ni sueño como la mayoría; si realmente hubieses estado interesado te habrías acercado para darte cuenta de lo diferente que soy.-
-NO PUEDO ACERCARME A TI EN LA UNIVERSIDAD.- estaba gritando.
-¿POR QUÉ? porque eres un profesor, te veo siempre almorzando con alumnos, o en la sala solo... ¿qué tiene que me digas hola?, no es como si fuera un asesinato o alguien se enojara.-
-Por favor.- rogó él.- no digas eso, es solo que no puedo.-
-Bueno yo no puedo soportar sentir que soy un problema porque me topé contigo en un mal día, tú sabes que no me debes nada.-
-Lo sé.- dijo él mirando el suelo.-Tiare.- dijo y se estiró a agrarrar su mano.- Quisiera contarte.-
~Alguien llamaba a la puerta~
-Quizás luego.- dijo secando sus ojos. Hasta ese momento ella no dimensionó que estaba llorando.
-Buenas tardes Martín.- se escuchó en una voz familiar y triste a la lejanía... una voz que le alteraba un poco, una voz... que causaba la muerte de un unicornio.
-Profesora, me espera tengo los perros sueltos, la haré pasar enseguida.-
Martín llegó corriendo a donde Tiare, ella tenía una cara de muerte; 'Qué hace esa mujer aquí'. No hubo más charla, Martín tomó su brazo y la llevó a su pieza.
-Quédate aquí en silencio.- 
Y desapareció cerrando la puerta.
Tiare sentía que iba a explotar. A morir. Figueroa en la casa de Martín, un viernes.
Quizás ella había planeado el asesinato y él solo era un cómplice. Estaba segura que esa mujer era capaz de hacer algo así. 'Voy a morir aquí'. Agarró su celular dispuesta a llamar a su amiga para que la rescatara, pero luego comenzó a escuchar voces del otro lado de la puerta.
-Mi nieto está muy bien, no lo has ido a ver seguido.-
-He estado hablando con su hija, pero se me ha hecho imposible ir.-
-Deberías preocuparte más, si ella será tu esposa en un mes no pueden pasar más de dos días sin verse.-

'Esposa'. La palabra resonó tan fuerte en sus oídos que sintió que se desmayaría. 'esposa,esposa,esposa'. Y como siempre mal concentrada llegó a la conclusión de que cuando él dijo amigos, lo decía enserio. Y aunque en sus sueños no podía negar que lo quería más en su realidad no podía ni siquiera intentarlo. Era la esclava de la realidad en la que había una esposa. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

Tiarin un amor de las aulas: Un vestido, un cachorro, un deseo

Cap. V: Un vestido, un cachorro, un deseo


Había existido silencio entre los dos, pero no como en ese auto. Era algo nuevo y desagradable. Para aportar a la alegría del momento en la radio sonaba Miriam Hernández ¨¨Huele a peligro¨¨, se sentía el olor a peligro… y a restos de comida en el auto.
-Lindo auto.- dijo ella.
-No es mío, me lo conseguí prestado… para venir a buscarte.-
-¿Por qué no tienes tu auto?-
-Lo choqué, fui a comprar azúcar y me estacioné en una salida de autos.-
-¿No te diste cuenta?-
-No, estaba apurado porque tenía que revisar muchas pruebas.-
-¿Y no te preocupaste?-
-Es solo un auto, me dolió mi pérdida de cds.-
-Eres un niño.-
-Sí y uno malcriado.-
Se rieron, quizás si podían ser amigos.
-¿Qué cds eran?-
-Nunca te diré, tenía muchos placeres culpables en mi estuchera de los ThunderCats.-
-Niño rata.-
-Lo dice la que tiene un lente amarrado con un hilo rojo.-
Ella lo miró, eso había pasado en el examen del semestre pasado y pensó que nadie lo había notado. Él lo notó. Quizás la venía observando desde hace tanto como él… ¨¨Las ratas no hacen amigos¨¨ pensó.
-¿Te acuerdas de eso?-
-Sí recuerdo la mayoría de los defectos ópticos de los que no son mis alumnos.- La miró.
¨¨Se ve tan lindo con una mano en el volante y la otra en la palanca de cambio, chascón y con terno¨¨
Él apartó su vista al frente, pensando que ella no se esperaba nada de ese día, no de él al menos, ¿por qué lo haría?
-Ese día tu chaqueta estaba manchada.- ella lo miró.- Seguro salvaste tu estuchera de un montón de café con tu terno.-
-No voy a sorprenderme porque recuerdas algo de mí, hay que dejar de hacer notar que nos hemos estado observando.- Dijo Martin estacionando el coche. -Pero como amigos.- se apresuró a decir- ¡Me encanta hacer amigos! ¡Amigos que van a clases!-
Tiare se sintió mal, él era encantador a ratos, era un niño amable y luego un profesor imbécil.
Ella abrió la puerta estando muy seria.
-Tenía una buena razón para faltar, ahora creo que ir antes a tu casa no merecía tanto esfuerzo.-
Y cerró la puerta.

Para Martín las horas pasaron rápido. Ella no le dirigió la mirada en todo el examen. Salió rápido de la sala, no pudo encontrarla al almuerzo. No la vio a la salida… tenía la esperanza de verla aunque no tenía nada bueno que decir.
¿Por qué él iba a merecer tanto esfuerzo? Llegó a su casa cansado y solo.
Vivir solo no le hacía gracia, se pasaba los ratos libres con sus instrumentos y sus perros, los llamó para alimentarlos, sus cachorros recogidos de la universidad.
-¡Sherlock, Watson!- los llamó, al rato apareció un cachorrito muy lento. Martín se sorprendió sus perros siempre corrían moviendo la cola, llegó a la mitad de la cocina y lo miró. ¨¨Algo está mal¨¨ Corrió al patio, y vio a el gordo Watson sufriendo, mucha agua a su alrededor y unos quejidos muy leves se hacían sentir.
-¿Watson?- dijo con el alma en un hilo,  se acercó muy lento y vio una bolita blanca al lado de su mascota, una bolita que respiraba.
-¿QUÉ?- el timbre sonó. Martín corrió a la puerta con la esperanza de que fuera alguien que supiera que hacer, tenía la respiración acelerada y la cabeza confusa, abrió la puerta de golpe.
Ahí estaba ella con un vestido morado que se ajustaba a su silueta, tenía rallitas negras y mangas largas. ¨¨ ¿usa vestidos?¨¨ Concéntrate Martín.
-Sígueme.- le dijo antes de siquiera saludarla.
Tiare prometió comportarse, y ser buena a pesar de los cambios de humor de Martín, para probar su esfuerzo dejó que su amiga la convenciera de usar un vestido morado, y el colgante de cuarzo oscuro, su amiga le había dicho que disipaba los temores y aunque la teoría del asesino iba disminuyendo suponía que no tenía miedo de Martín, pero sí como podía perder el control ella con él. A pesar de que su ropa venía directamente de lo que nunca se ponía del closet, se sentía cómoda más con los botines negros. Lo siguió pensando que aún podía ser un asesino, llegó a su lado en el patio mientras él se movía de un lado al otro.
-Tiare, mi perro, no sé que hacer.-
Su corazón se recogió, es algo horrible cuando los perros sufren pensó.  Se acercó y le tocó el hombro.
-¿Qué le pasa?-
-Mi perro.- Se agarraba la cabeza y no se concentraba.
-Martín qué pasa con tu perro.-
-Es perra, no es Watson, es una Watsona… o mejor a mujer que sale en Sherlock.-
Tiare se sorprendió, ¨¨es como un niño¨¨
-Tranquilo, trae una toalla para apoyar a los cachorros, ¿cuántos van?-
-Uno creo. ¿Será Sherlock el padre?-
-Martín, concéntrate.-
Corrió al interior de la casa y volvió con dos toallas.
-¿De playa o de baño?-
Tiare tomó aire profundo…
-De baño.- dijo.
Puso la toalla en el suelo y tomó el primer cachorro, puso a Watsona de espaldas y comenzó a sobar su pancita.
Otro cachorro salió de ella y luego de otro cachorro y luego otro.
Cuatro en total y un Martín con un ataque de nervios.
Tiare se miró el vestido, como había tomado a los cachorros su vestido tenía leves manchas, pero no le importo los cachorros eran preciosos asi que si Martín no apreciaba su ropa daba igual.
Martín salió con la cámara fotográfica.
-Creo que es hora de una foto, con la asistente de parto.-
-Estoy toda sucia.- dijo ella tímidamente.
-Estas perfecta.- 
-Programa la cámara, tú eres el papá, tienes que salir.-
-Además traje las toallas, fui fundamental.- 
Se rieron, y en una foto quedaron capturados, Un padre primerizo y una enfermera de morado, adorables. 
-Si quieres lavamos tu vestido y te presto un buzo, para que estés cómoda.- 
La idea de desnudarse y ponerse ropa de Martín era algo que la ponía nerviosa. 
- Bueno.- dijo rezando para no ponerse roja.
-Pasa al baño.-
-Irene.- dijo ella mirando a Watson.
-¿Cómo?.- preguntó Martín.
-Irene es la mujer en la película de Sherlock Holmes.- dijo ella
-Pero no se quedan juntos.-
-No todos tienen que quedarse juntos.- dijo desapareciendo tras la puerta del baño.
-Espero que nosotros sí.-  susurró Martín  sorprendiéndose de su pensar interno.- No Martin, solo como amigos.- y fue por algo de ropa.





Tiarin un amor de las aulas: ¿Feliz Viernes?

Cap IV: ¿Feliz Viernes?


El teléfono sonó, Tiare contestó.
- ¡Feliz viernes!.- se escuchó del otro lado de la línea. -¡Feliz viernes sin clases!.-
Estaba adormilada, el día anterior  se había quedado haciendo tareas y ejercicio. 
-¿Cómo que no hay clases? Si hay.-
- No no no, me conseguí una licencia para que faltes, ¡porque hoy es el gran día!.-
-Ya lo hablamos, es solo una junta.-
-Es un gran día para la amistad, siempre te alteras antes de que pueda terminar la oración; báñate y te veo en el Mall en una hora.-  y cortó.
Su amiga tenía razón, aunque desde que habló con Martín del tema solo lo había visto en clases tenía muchas dudas sobre lo que iba a pasar. Se supone que llegaría más temprano, ¿a ver comics? Sería grandioso que solo fuera ver comics, pero su amiga le había explicado que solo era una mala excusa. Últimamente las malas excusas eran su religión, dentro de su mente Martín decía la verdad, no había otra intención... no se ve como los tipos con ganas de hacer otra cosa, además en clases ella era una más, afuera ni siquiera era una amiga porque aunque lo había intentado muchas veces, no se lo había logrado topar "accidentalmente". Incluso su amiga fue a buscarlo a su oficina para pedirle ayuda con un trabajo que las dos habían inventado. Ella iría en nombre de Tiare y él debería entregarle la información en sus clases, a cambio le entregó una fotocopia con las respuestas sin dirigirle la mirada. Había aplacado el pensamiento de que todo lo que pasó y lo que creyó el día lunes había simplemente sido algo de día lunes, un efecto colateral del regreso a clases, una buena coincidencia. Sus amigos sabían la historia, pero nadie le decía nada... no sabían como. Realmente nadie conoce a Martín; solo es una profesor por hora como muchos más, y hoy iba a ir a su casa, con su amiga.
¿Y si es un asesino? Era una buena teoría, nadie los vio compartir juntos, nadie más que ellos fue testigo del masaje y del café. Quizás solo quiere que dos niñas vayan engañadas, matar a una primero y a otra después. Quizás lo mejor era no ir. 
Se levantó con el pensamiento del asesino y se paró frente al espejo.
-Que mala excusa.- se dijo. 
Se metió a la ducha y desayunó, como todas las mañanas desde el lunes pensando en su breve carrera como masajista, en lo malo que es el café con azúcar y lo bueno que debe saber de los labios de Martín. Debía parar de pensar así, el sólo amigos es algo importante. Él se lo dijo, además es un profesor y tiene que pasar ese ramo...¿ y si él piensa aprovecharse porque es su tercera vez? la idea le dio nauseas.  
Quizás eran demasiados pensamientos para solo un profesor de los miles que vendrían, quizás solo era amable porque la vio asustada por la tercera. Solo eso.
Cuando llegó al Mall su amiga estaba en la entrada con cara de muerte.
-Hola, ¿qué te pasó?.-
-Fui a dejar tu licencia.- dijo gravemente. Inmediatamente Tiare pensó que era porque sus licencias eran falsas, quizás la habían pillado.- Martín me la recibió y pilló su falsedad.-
Un hilo helado le corrió por la espalda.
-Dijo que no diría nada a jefatura, porque le expliqué que yo me la conseguí, pero...-
-¡PERO!.- estaba hiperventilada, ansiosa por una respuesta, quizás las había des-invitado y ya no le hablaría nunca más, por faltar a su clase por ir a comprar ropa linda para ir a su casa, se sentía tonta.
-Dijo que quería asegurarse de que no eras tan tonta como para faltar a clases para venir aquí. Asi que... vino conmigo y está en el estacionamiento.-
Algo dentro de ella se calmó. La estaba protegiendo ¿Por qué? 
-¿Martín tiene auto?.-
-¡ESO ES LO QUE ENTENDISTE! de todo esto... ¡Martín tiene auto! pueden expulsarme, quizás qué va a querer a cambio, ahora me va a retar y todo por ropa... ¡yo no tenía clases! yo puedo estar acá, pero ahora tengo que encargarme de su revisión de pruebas como castigo, los viernes de 5 a 7.-
Tiare miró a su amiga, como siempre pensó que estaba exagerando... la ignoró para seguir caminando al estacionamiento, antes se miró a un espejo y arregló su pelo.
Ambas bajaron en silencio, Elena claramente enojada. Tiare claramente nerviosa. Martín avanzó en un vehículo muy pequeño lleno de papeles y guías en el asiento trasero. 
-Suban.-
Hicieron caso y levemente la idea del asesino cruzó la mente de Tiare, estaba descolocada así que se acomodó en el asiento trasero con su amiga cuidando de no arrugar muchos papeles. Martín no dijo nada, se veía serio y atento al camino.
-Martín, oye yo...-
-No quiero escucharlo, si quieres dar el ramo por cuarta es tu problema pero no voy a dejar que me crean tonto, no por un día de relajo y ropa, no me importa que estés estresada esta no es la manera de "darse un gusto".- 
Tiare parecía descolocada, su amiga con los ojos muy abiertos la miraba... Por supuesto ella le dijo a él eso porque el verdadero motivo de su falta era ir a comprar para verse bien, para él. Una estupidez tremenda. Aún así tomó coraje.
-Martín yo sé que estas enojado pero venir en auto a buscarme.-
-Es necesario.-
Él se veía enojado y su amiga asustada, y ella tenía rabia... estaba en su libertad si faltar con o sin justificación, podía hacer lo que se le diera la gana por algo era una adulta, ¿quién era él para exigirle algo? Es solo un profesor más, teniendo un ridículo "momento educativo", como todos, como Figueroa, es solo otro del mismo clan. Él no es diferente, él no tiene ningún derecho.
-¡No tienes por qué meterte! agradezco tu ayuda y tu buena onda, pero si quiero faltar no hay nada que puedas hacer, para el auto.-
-Tiare yo creo que mejor no.- dijo Elena muy tímidamente notando que estaban en medio del tránsito. 
- Yo no sigo tus ordenes.- dijo Martín.
-Ni yo las tuyas.- estaba furiosa, ese Martín no era el que se había reído con ella en un masaje, no era el del café dulce- Deja a mi amiga aquí en el paradero, esto es conmigo no con ella.-
-Yo no quiero problemas.- dijo Elena
- PARA EL AUTO.-
Martín se orilló en la calle y ambas se bajaron.
-Espérame en el paradero.-
-Tiare no creo que sea para tanto.-
-QUÉDATE ALLÁ.-
Su amiga hizo caso y se fue a sentar, Tiare se dio la vuelta para enfrentar a Martín que se había bajado.
-Quién te crees, ¿Qué quieres? me hiciste un favor el lunes, yo estaba agradecida me caíste bien dijiste que te tuteara me invitaste a tu casa y apenas me conoces. ¿Qué quieres? ¿Por qué metes a mi amiga? ¿Te parece gracioso?, te ríes conmigo un día, me invitas a comer y después me ignoras durante toda la semana... los amigos no se tratan así, si así eres un psicópata que busca a sus alumnas en auto te quiero lejos.- Tenía frustración en su voz.- Se supone que este semestre debía ser tranquilo.-
Martín la observaba tranquilo. 
-Tiare.- dijo lento.- Hoy hay examen de calidad, si faltas investigan por qué y habrían descubierto el certificado falso. Tienes que presentarte o podrías tener problemas en la calificación final.- estaba demasiado tranquilo acercándose.- Tú sabes que son exámenes sorpresa.- 
Todo comenzaba a tener sentido. o por lo menos la mitad.
-Hazme un favor y sube al auto, vamos a clases es solo una hora y media y después puedes insultarme todo lo que quieras, a la noche.-
Estaba desconcertada ¿Cómo reconoces que te equivocaste? ¿Tenía que pedirle perdón? No se veía herido, se veía tranquilo. 
-Voy a subir, espérame aquí.-
Fue corriendo donde su amiga.
-Tengo examen de calidad, por eso vino.- la miró esperando como un chiste típico de ella.
Su amiga se puso seria.
-No seas tan cruel con él, a él de verdad le importas, no está jugando... sabes que no tiene auto se lo pidió a su ayudante solo para hacer esto, no te tomes todo tan por adelantado.-
Se miraron como pocas veces en un instante de reflexión mutua, como confesando pecados.
-Voy a hablar con él.-
-Un masaje siempre dice más que una palabra.-
*Sonrisa típica* 
Ahí estaba, un mal entendido no desencajaba la realidad, todo iba a estar bien.
Su amiga se giró a Martín y le gritó.
-Gracias por no delatarme, yo llevo las cervezas a la noche.-
Martín asintió con una carcajada.
-Enserio Tiare, no es tan rudo como todos, es bueno... ten cuidado, creo que realmente quiere que veas sus comics.-
-Si sé.-
-Tú tampoco eres tan ruda, aún como amigo te trata bastante bien. Piénsalo, él es una rata y tu otra rata, es una amistad rata.-
-Las ratas no hacen amigos.-
-Y ustedes no tienen intención de serlo.-
*Doble sonrisa típica*
-Te veo a la noche, suerte en el examen.-
-Gracias.-
Su amiga paró una micro y ella se devolvió al auto.
-Siempre hay tiempo para un café del perdón ¿no?.- le sonrió ella.
-No quiero hablarlo, no me gusta que me griten, solo vamos a clases.-
Y el auto avanzó a lo que quedaba de viernes.

Tiarin un amor de las aulas: 4 días para el viernes.

Cap III: 4 días para el viernes. 


No se cruzaba ni una palabra entre ambos, la oficina dejaba entrar un leve rayo de sol y luego del masaje Martín le había ofrecido un café que Tiare había disfrutado en silencio, muy incómodo silencio.
-No le pusiste azúcar.- le comentó él
-No me gusta, ni el té ni el café con azúcar.-
-Amarga. Yo le puse tres cucharadas.-
-Dulce, eso dice mucho de tu personalidad.-
Él la miró intrigado, era la primera vez que la miraba fijamente desde que ella tocó su espalda.
Para Tiare el masaje había sido muy incómodo, y aunque le costó un mundo controlarse para no temblar ni reir en el acto, le había resultado imposible… era muy raro, esa mañana él era un profesor más, luego de unas horas ella se sentía en deuda por hacerlo casi morir, quizás estaba siendo extremista, quizás no era para tanto, quizás solo quería una razón para no ir a clases y estar ahí con él, una razón para que cerraran la puerta y él se quitara la camisa, y mala o no la excusa el punto era que ahí lo tenía bajo sus manos riéndose con ella. ¿Pero de qué se reía él?

Ignoró la pregunta mientras se deslizaba por él. Entre su nerviosismo trató de juntar en su memoria palabras exactas para describirlo porque pensó que debía contárselo a alguien, sin embargo no podía describir un masaje sin que sonara erótico.
Se deslizó con suavidad por su cuerpo y acarició sus hombros con un poco de fuerza, el gimió. Con sus manos nerviosas ella muy suavemente rozó con la yema de los dedos su inicio de columna y el se estremeció, su espalda estaba tibia y sus manos frías y la fusión era deliciosa e incomparable.
No, ese masaje sería un secreto incontable.
Además usó técnicas que se le ocurrieron en el segundo, como apoyar el codo en su espalda y moverlo en círculos, apretar levemente con pellizcones el área de las costillas, hacer presión hacia abajo con las manos. Técnicas originales y probablemente sacadas de alguna película.
Luego de una media hora se había detenido y desmontado la erótica posición. Él se había levantado para darle las gracias, aún sin camisa, le dio un breve abrazo muy descoordinado ella se rió y él la invitó a un café. Ahora sentados en su incomodidad evitando conversaciones como el clima, la hora, la carrera, el accidente, la atracción, la intimidad, la vida y la muerte, se ahogaban en agua hervida, evitándose, pero estando completamente consientes el uno del otro hasta que como el azúcar y el café nos guste o no, se encontraron, se miraron, pero no se enamoraron.

-¿Qué dice? Soy un dulce niño inocente.- Dibujó una amplia sonrisa falsa en su cara.
-Eres inquieto, por eso no te peinas y traes muchas actividades a clases, y siempre te tiemblan las manos.- Hubo silencio, ella pensó sus palabras, las pesó, se había delatado. Por supuesto que esa mañana todo había cambiado, pero ella lo venía observando de antes, uno de los pocos que se había dado el tiempo de observar.
-Esa es, información correcta. Creo que, tienes más clases.- Terminó de beber su taza de dulce café y procedió a abrochar su camisa. Tiare con la cabeza baja recogiendo su mochila en mucho silencio se despidió de las espalda y del torso que comenzarían a ser parte de sus pensamientos eróticos.
-Debí haberle ofrecido una película en vez del masaje.- Dijo susurrando.
-El viernes entonces, espero que no veamos ninguna comedia, no gasto plata en eso.-
Ella lo miró superada por la vergüenza, no lo podía creer. Siempre había controlado su instinto de desubicarse y justo hoy justo con él, el pensamiento se fue libre. ¿Quién le dio permiso para sentirse libre? ¿Para darse la licencia de perder el control? ¿Él?
-Yo no..- tartamudeó.
-Tranquila, yo no tenía el valor de preguntarte, pero como tú lo dijiste supongo que está bien. Puedes llevar a tu amiga, pero esta vez nada de comida.- Él sonrió. Ella lo odió. ¿Cómo  podía hacerle sentir que todo era tan simple? Los profesores y los alumnos no pueden, bueno en el colegio no, esa es la universidad.
-Tiare, somos amigos.- Dijo él sacándola de su cuestionamiento.
-Te veo el viernes amigo.- Y se fue corriendo, con ganas de reír y llorar, por supuesto eligió reír.

Vio a su amiga jugando con el celular en el recreo. Y en un raro acto corrió a abrazarla.
-Hola, ¿Qué te dio?, estas muy… ¿feliz?- la miró muy raro.
-¿En qué momento la vida se puso tan buena?- Dijo Tiare arreglándose el pelo.
-¿Espera… ahora te gusta vivir?-
Y como siempre ella acalló las consultas de su amiga con una sonrisa típica.
Y como siempre ella lo entendió todo.
-Eres una sucia, en una relación prohibida.
-¡Somos solo amigos!- dijo riéndose.
-Lo mismo le dijo mi papá a mi mamá, y creo que ella aún cae con esa… tres hijos después.-
*Sonrisa típica*
-¿y cuándo van a salir?.-
-El viernes, dijo que podías ir.-
-¿Qué? No, no no alguien tiene que cocinar algo para que tengan una cita romántica, asique yo me quedo después tu lo invitas a comer, y justo yo… iré saliendo.-
-Pero habíamos quedado en juntarnos todos, con los chiquillos.-
-Oye si este hombre hace que te den ganas de vivir, a mi me vale la junta. Les hago ensalada y fajitas. Tú sabes, para la ansiedad.-
-No sé que me voy a poner.-
-Tenemos 4 días para resolverlo, algo que diga fácil pero cara.-
-Esa eres tú.-
*Sonrisa típica*
-Oye Tiare, no quiero alarmarte pero ahí está tu amor y se ve más chascón que nunca.-
-¿Me está mirando?-
-No.-
-¿Y ahora?-
-Pasó un segundo, es imposible que te esté m…-
-¡AHORA?-
-Ahora no, y ahora si… viene para acá.-
-¿Cómo me veo?-
-Te ves como si quisieras algo sucio, con un profesor que casi muere.-
Martín apareció muy serio.
-Hola, Tiare, Elena.-
-Profesor.- dijo Elena.
-Dime Martín.-
-No me acomoda, usted tiene más cara de Benjamín o Roberto, puedo decirle Cárcamo.-
-Y yo te digo Vargas.-
-Trato, ¿trae más fajitas? Perdón por haberlo casi matado, espero que mi amiga diera la explicación y la disculpa.
Tiare sonreía con los ojos muy abiertos, como conteniendo la risa.
-Sí, pero las vengo a invitar... el viernes Tiare me dijo que tenía ganas de ver películas, y se me olvidó que me toca el ciclo de cine con mis amigos, en mi casa… pero son bienvenidas.-
Sacó un papel y se lo entregó a la Tiare, la miró con cara de querer decirle algo más, pero no. Elena lo notó.
-Bueno Cárcamo, Tiare mi instinto de baño me llama.-
-Te acompaño.- dijo ella
-No, yo conozco el camino.-
*Sonrisa típica*
Elena se fue, y él le entregó el papel, el ciclo empieza a las 6, quizás te gustaría llegar antes, tengo muchos comics quizás te gusten.
-Voy a ir antes, sin… la niña de los instintos.-
-Es una cita entonces.-
Y ambos sintieron que el corazón se les iba a salir del pecho.
¿Cuándo habían tenido tanto valor frente a alguien? Nunca, ¿Qué efecto tan misterioso tenían sobre el otro? Un misterio.

-4 días para el viernes.- dijo ella -4 largos días para el viernes.- y entonces la vida ya no parecía tan buena.


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lunes, 15 de septiembre de 2014

Tiarin un amor de las aulas: Cierra con seguro.

Cap II Cierra con seguro.

Su amiga la estaba esperando en las bancas, para almorzar... había comprado dos ensalada, sabía que una clase con Figueroa le quitaba las ganas de vivir a cualquiera, pero algo sano la repondría.

Tiare esperó a que la clase terminara, quería agradecerle al profesor por su buen recibimieto y lo único que se le ocurrió era invitarlo a almorzar, pero por supuesto era demasiado tímida para realmente decirle. Asi que solo se demoró en salir con la intención de que cuando la viera irse ella podría darle una sonrisa de gracias y él tendría el valor de invitarla a comer algo... con la intención de hacer más íntima su relación de... estudiante/profesor. Se aproximó a la puerta mientras Martín cogía su taza da café y dijo, hasta luego y muchas gracias. No se quedó para una respuesta pero sintió que él simplemente no reaccionó, corrió escaleras arriba y se encontró en las bancas con su amiga.
-Siempre con comida.- dijo
-Para comenzar bien la tercera, ¿Qué tal la capitana de todas las sonrisas?.-
Tiare no le estaba poniendo atención, estaba buscando a alguien entre la gente en el patio... su amiga lo notó y fue extraño. normalmente la gente le parecía poco irrelevante, muy pocas veces buscaba a alguien... a no ser que fuera un hombre ah! y tenía que ser uno bonito.
-Cuentame.- dijo su amiga con sonrisa interrogadora.- Cuentáme ahora.-
Casi rompiéndo el encantamiento de su busqueda ella le respondió despreocupada.
-Estoy en clases con Cárcamo, no con Figueroa.-
-¿Cuál es Cárcamo?.- dijo mirando entre la confusión de gente hambrienta.
-Ese.- Y ambas lo vieron tembloroso y despeinado con su maletín y una bolsa aproximándose a ellas.
-Hola. Tiare.-
-Hola, profesor.- respondió en un intento por no decirle Martín frente a su amiga.
-Elena ¿verdad?.- dijo mirando a su amiga
-Em, ¿si?.- 
-La Tiare tuvo una mañana difícil, una caída que fue mi culpa, un encuentro con la coordinadora del reino de la alegría que no salió bien, verbos auxiliares, comienzo de la tercera... mucho estrés; y pensé que para alivianar que la mayoría fue mi culpa quería invitarla a almorzar.-
-Claro.- Respondió la amiga rápido.- Yo justo le decía a Tiare que iba a ir a almorzar con nuestros compañeros.- Todos miraron las dos ensaladas en sus manos.- Porque tengo mucha hambre y me voy a comer dos ensaladas, ya sabe la ansiedad.-
-En verdad siempre he visto que comen juntas, asi que traje fajitas, tres fajitas... podemos ir al casino si quieren.-
Las amigas se miraron, se leían los ojos en segundos y reproducían mentalmente la conversación:
No me dijiste que era ESE profesor.
¿Qué hago? no me acompañes, pero no me dejes sola.
Me iría, pero igual es una fajita.
Sé amable no hagas ninguna broma
Esto es igual a la vez que dormí en el colchón por tí y ese niño. 
Ya acompáñame. 
Ya te acompaño.
-Seguro.- dijo Elena rompiéndo la conxión.- Justo hoy tengo poco tiempo para almorzar asique usted acompañará a mi amiga cuando me vaya.- y sonrio burlona.
-Vamos.- dijo Tiare y avanzó mirando el suelo.

Se sentaron en una mesa y comenzaron la comida.
-Nunca nadie viene a este casino.- dijo Tiare
-Prefieren el otro, aquí se llena de profesores porque nuestro sindicato tiene descuento, pero la mayoría come en sus oficinas, aún así los estudiantes quieren evitar la pesadilla de un profesor en la comida a toda costa.-
-Ya veo por qué.- dijo Elena apuntando con la mirada la mesa de sus peores pesadillas. Profesoras de inglés, de varios niveles que la habían hecho sufrir.- Son como la liga del mal, ¿usted no se sienta con ellas?.-
Por debajo de la mesa su amiga le dio una patada.
Cárcamo rió. - No,haha, prefiero comer en la sala de profesores por hora; casi siempre esta vacía y tiene vista a la laguna.-
-Debiste tener una pésima mañana para que el profesor dejara su cómoda costumbre.- dijo devolviendo la patada, pero oh oh pie equivocado... alcanzó al profesor mientras tragaba emocionado su taco y hizo que se atorara. Comenzó a tosar y gesticular en el aire, se puso rojo y las amigas estaban paralizadas.
-¡Apriétalo!.-
Tiare se acercó intentando ayudarlo, lo rodeó con los brazos y apretó contra su pecho una, dos, tres veces... lo miró, era un tomate despeinado con lentes a punto de morir que la había salvado de su peor pesadilla y olía Antonio Banderas, cerró los ojos sin darse cuenta que dejaba de apretar mientras su cara sonreía y alucinaba con comer avena con él en el salón de clases. Su amiga aterrada agarró al hombresillo y concretó la maniobra liberándolo. 
-¡Tiare!, despierta.- gritó la amiga furiosa.
Varios profesores habían llegado y estaban asistiéndo al profesor.
Tiare abrió los ojos despertando y estrellándose con la realidad. Su amiga la agarró del brazo y la llevó al balcón. Estaba casi a punto de llorar muy nerviosa mirando el suelo.
-¿Qué es todo esto? y por qué lo dejas casi morir, esta bien que te de igual la existencia, pero no es bueno dejar matar a alguien, en público al menos. ¡Eso fue realmente peligroso! y desde cuándo te importa lo que un profesor del nivel de Figueroa diga, solo te pasó a su paralelo y no entiendo nada.-
Algo se sintió muy mal en el pecho de Tiare, seguro todos pensarían que detuvo la maniobra porque no le importaba la existencia de los demás, aunque en el fondo sí, pero no. Seguro Cárcamo creería que quería dejarlo morir. Y para variar su amiga entraba en histeria en el peor momento. Todo eso la aburría, deseaba volver a su fantasía de la avena y las clases, con ese olor de perfume... pero no quería explicárselo a ella porque estaba tan equivocada. 
-Cállate, no fue eso. No quiero hablarlo y es primera y última vez que comemos con él, desde mañana ensaladas en el patio las dos, lejos de toda la gente estúpida.- 
Elena suspiró.-Relájate, vamos a ver cómo está y nos vamos, tenemos gramática.-
Volvieron al interior del casino, pero para su sorpresa Cárcamo no estaba ahí.
-Quizás se lo llevaron, enfermería  o algo así.- dijo su amiga.
-¿Dónde queda enfermería?.- preguntó Tiare a un profesor que iba pasando.
-Tienes que ir a la oficina de los profesores por hora, ahí hay otra puerta... funciona como enfermería.- respondió el hombre y siguió su camino.
-Tengo que ir, anda a clases y nos encontramos afuera; tienes que estar atenta a tu celular.- dijo muy decidida y se fue corriendo a enfermería.
-Pero Tiare,.. ay. Ahora sí que le dió fuerte.-
No le costó mucho encontrar la sala. Tenía un cartel rayado afuera de la última puerta del instituto. Abrió sin siquiera pensar que podía molestar a alguien en el interior. Y ahí estaba él. En un sillón boca abajo sin camisa e inmóvil, casi muerto.
-Martín.- Dijo aterrada y se acercó a tocar su espalda. Apenas puso la mano su piel se estremeció y él se movió también, levantó la cabeza y enfoco la mirada... se sonrieron por un momento. Y luego el recordó que estaba claramente visible y que hace semanas no se ejercitaba. 
-Perdona.- dijo Tiare mirándo el suelo.-¿Qué haces sin camisa?.
-Dijeron que sentir algo frío en el pecho lo relajaría, pero ahora pienso que la enfermera solo quería abusar de mí.-
La idea de una mujer tocando a Martín con mala intención disparó un leve sentimiento de cólera en ella. 
-Dijo también que iría a buscar el instructivo de un masaje para pasar el trauma de casi morir, pero aún no llega y me duele mucho.-
-¿Es tensión?.-
-Sí.-
Y la tensión sexual se sintió muy latente en la habitación.
-Ok, yo casi te mato asique puedo hacer el masaje que le hago a mi papá cuando se fractura jugando Rugby.- 
-Hecho.-dijo él.- pero con dos condiciones, pon seguro a la puerta y no imagines que soy tu padre.

Y su amiga al otro lado de la puerta, que la había seguido corriendo escuchó el click del seguro. Luego de un momento de reflexión le envió un mensaje. Toma buenas decisiones. Y se fue a clases.

Tiarin un amor de las aulas: Tercera.

Hoy empiezo un fanfic para mi amiga y su profesor ¿Qué será real, qué se hará real y qué nunca sucederá? *Tiarin un amor de las aulas* 

Cap I Tercera.

El día de ella comenzó con el alarma reventándole los oídos, aún faltaban dos horas para su primera clase, pero su compañera tenía clases más temprano, lo que le recordaba con cierta frustración que tendría que hacer el curso otra vez con nadie conocido en el salón.
-Perdona no te quise despertar, ya me voy, pero tengo mucho sueño.-
-Es mejor entrar a las 8 que hacer el curso otra vez.-
-Seguro no es tan malo. la tercera es la vencida.-
Y se quedó sola en su pieza, deseando no vivir, deseando cosas que sabía que no iban a pasar. 
-Tercera.-
Recordó la primera vez que fue a clases, desde el momento que vio a la tutora algo se cruzó en su estómago, algo malo. Una señora con dientes claramente gastados en cigarros y café, con un inglés irritantemente perfecto, altura promedio, arrugas promedio, personalidad promedio y una exigencia que sabías arruinaría tu promedio. Ese primer intento que se fue en simplemente abandonar el barco, no por ella si no por toda la peste de la humanidad, ese cansancio que te hace seleccionar que debes dejar de intentar y definitivamente esa clase debía morir.
Se paró para ir a la ducha, segundo intento pensó mientras el agua corría para mojar su pelo con mechas moradas... Debió haber sido el intento del éxito porque se esforzó, cumplió y hasta infringió un certificado médico para lograrlo, pero la misma profesora, la misma sensación estomacal y esa incómoda sonrisa de reprobación que daba que te hacía sentir que en algún lugar del universo un unicornio moría. La maldita profesora le había dicho que estaba aprobada, y ella celebró, cantó, bailó y en la tarde se enteró que la vieja había contado mal.
-Tercera.- se dijo mientras se vestía con su polera de batman y calzas rotas, botines y delineador.
-Tercera.- pensó mientras cepillaba su pelo, que jamás sería tocado por un secador y lo recogía con un pinche con forma de mano, se puso sus pulseras y agarró sus libros, diccionarios, fotocopias.
-Tercera.- suspiró mientras llenaba de té verde su termo de hello kitty y de fondo sonaba Lana del Rey, hasta que su mamá llamó. Contestó como todas las mañanas, hizo su cama con extremo cuidado miró el reloj y no supo cómo ya era hora de par...correr, porque iba tarde.
-Me va a dejar afuera.- Tenía 7 minutos para lograr lo que se hace en 15.


El día de él empezó a las 8, con frío y muerto de sueño buscó a tientas sus lentes y apagó la alarma. 
-Primer día pensó.- Buscó en su closet un traje que no estuviera tan arrugado, la última vez había usado uno con una mancha bastante notable lo cual no le hizo gracia a su tan adorada colega.
Este no esta tan mal, entró a la ducha rápido se enjuagó un poco el pelo mientras escuchaba a Placebo. En toalla y levantando los pies para ahorrarse el frío se cepilló los dientes y mientras pasaba el cepillo con mucho ánimo recordó que el desayuno iba primero. Pero solo sonrió ante su error. ya vestido con los lindos calcetines negros que su madre le había regalado cuando empezó en la universidad pasó frente al espejo y acarició levemente su desorden de pelo que estaba exactamente igual como cuando despertó. 
-Primer día, inspirar.- Se sirvió avena y la comió apurado, echó todo a su maletín y corrió a tomar la micro, pero volvió corriendo por sus guantes negros sin dedos. Paró la micro que como nunca iba vacía y procedió a sentarse pensando en la clase de hoy, y con sus audífonos fue a su placer culpable, RBD, y entonces estaba otra vez comiendo avena y pensando en la inspiración.
Después de media hora de viaje decidió que no se bajaría para buscar un taxi, esta vez iba a caminar como todos, con la mano izquierda afirmando la correa en su hombro derecho y su mano izquierda afirmando el movimiento del maletín camino perdido en su lista de reproducción que combinaba lo mejor de The Smiths, RBD y soundtracks de caricaturas. Cerró los ojos al subir la escalera y entre toda la gente que ascendía a la universidad empujó a una niña. Los cuadernos de ella volaron, papeles y diccionarios, un termo de hello kitty roto sangrando té en plena calle, La ayudó a incorporarse inmediatamente preocupado por si ella lo insultaba, porque nunca sabía que hacer cuando lo insultaban. 

-Mierda- dijo recogiendo mis libros apurada.
-Perdona, no te vi... te ayudo.-
-Voy muy atrasada, y mi profesor probablemente sea un idiota.-
Entre los dos recogieron los papeles dispersos, él fué tras los diccionarios y ella tras sus miles de fotocopias. Ella tomó todo y se apuró a seguir subiendo, pero la caída le había pasado a llevar la rodilla. Él lo noto y la afirmo por el brazo.
-¿Estas bien? enserio perdona, tomate un momento.- 
Ella lo miró y con furia e indignación, y él la miró con la misma cara que le había puesto la primera vez que se vieron hace meses, en el examen de la segunda. Algo confundido pasaba por ella otra vez entre agradecimiento y risa, defiitivamente no rabia. él la soltó nervioso y secó su mano contra su traje.
-voy tarde y me quedo afuera.-
- ¿vas por tercera?.- 
- Sí con Figueroa.-
Comenzaron a subir sin dejar de mirarse
-¿Por qué no pediste el profesor nuevo?.-
- Lo pedí, pero él me mandó al otro curso, seguro es igual de imbécil que ella.-
-Espera, yo no te mandé a otro curso y gracias. Figueroa te pidió exclusivamente.-
-No quise decir que eras... era un idiota profesor.- Se sintió avergonzada, pero puso la sonrisa de que todo estaba bien.
Algo en todo eso le causó gracia a él.
-Dime Martín... ¿Génesis verdad?.-
-Tiare.- Dijo rápido aquí ella era solo Tiare. - Enserio Figueroa me pidió para su curso... creo que ahora la odio más.-
Algo en la forma que ella se expresaba le recordó a cuando estudiaba, que no había sido hace mucho, y odiaba a ciertos tutores.
-Sabes, como te empujé voy a acompañarte para que no te deje afuera, y quizás mientras se te ocurra una buena excusa para cambiarte a mi paralelo.-
Le pareció razonable era lo mínimo que podía hacer.
-Que no la soporto podría ser suficiente.- 
-Nunca ningún odio es suficiente, ni necesario.-
-Usted no entiende.-
-Dime Martín.- dijo serio casi como dándole una grave instrucción de vida.
-Martín, yo no puedo me reprobó otra vez, me faltaron milésimas.-
-Lo sé.- Dijo él como recordando algo muy desagradable.
Llegaron a la universidad y caminaron en silencio al salón, como era de esperarse la puerta estaba cerrada, Martín golpeó la puerta y la profesora salió a abrir.
-Good night Mr. Carcamo.- miró a su acompañante con odio. - Génesis, you're late.-
-It was my fault Mrs Figueroa, please let her join the class.-
-Let me tell you something Martin. Why don't you go back to your class and you take her with you, because it seems like everybody wants to be in that classroom and not in here.-
Tiare miró la clase, con suerte habían 8 estudiantes.
-You can go now, both of you.- y cerró la puerta.
-Fue humillante.- dijo ella
-Tranquila, vamos... probablemente tengo 25 en mi clase.-
-Pero los cursos no pueden pasar los 15 estudiantes, significa que vas a tener que mover a algunos.- pensó el pánico de volver al salón de la maldita, la constante humillación y ese estrés que no la dejaba dormir bien. Sería un alivio quedarse con Martín, pero era un alivio casi imposible.
-Digamos que tienes cupo seguro en mi clase.- Le dijo a ella sacándole una nerviosa sonrisa.


Y entraron al salón.