lunes, 15 de septiembre de 2014

Tiarin un amor de las aulas: Tercera.

Hoy empiezo un fanfic para mi amiga y su profesor ¿Qué será real, qué se hará real y qué nunca sucederá? *Tiarin un amor de las aulas* 

Cap I Tercera.

El día de ella comenzó con el alarma reventándole los oídos, aún faltaban dos horas para su primera clase, pero su compañera tenía clases más temprano, lo que le recordaba con cierta frustración que tendría que hacer el curso otra vez con nadie conocido en el salón.
-Perdona no te quise despertar, ya me voy, pero tengo mucho sueño.-
-Es mejor entrar a las 8 que hacer el curso otra vez.-
-Seguro no es tan malo. la tercera es la vencida.-
Y se quedó sola en su pieza, deseando no vivir, deseando cosas que sabía que no iban a pasar. 
-Tercera.-
Recordó la primera vez que fue a clases, desde el momento que vio a la tutora algo se cruzó en su estómago, algo malo. Una señora con dientes claramente gastados en cigarros y café, con un inglés irritantemente perfecto, altura promedio, arrugas promedio, personalidad promedio y una exigencia que sabías arruinaría tu promedio. Ese primer intento que se fue en simplemente abandonar el barco, no por ella si no por toda la peste de la humanidad, ese cansancio que te hace seleccionar que debes dejar de intentar y definitivamente esa clase debía morir.
Se paró para ir a la ducha, segundo intento pensó mientras el agua corría para mojar su pelo con mechas moradas... Debió haber sido el intento del éxito porque se esforzó, cumplió y hasta infringió un certificado médico para lograrlo, pero la misma profesora, la misma sensación estomacal y esa incómoda sonrisa de reprobación que daba que te hacía sentir que en algún lugar del universo un unicornio moría. La maldita profesora le había dicho que estaba aprobada, y ella celebró, cantó, bailó y en la tarde se enteró que la vieja había contado mal.
-Tercera.- se dijo mientras se vestía con su polera de batman y calzas rotas, botines y delineador.
-Tercera.- pensó mientras cepillaba su pelo, que jamás sería tocado por un secador y lo recogía con un pinche con forma de mano, se puso sus pulseras y agarró sus libros, diccionarios, fotocopias.
-Tercera.- suspiró mientras llenaba de té verde su termo de hello kitty y de fondo sonaba Lana del Rey, hasta que su mamá llamó. Contestó como todas las mañanas, hizo su cama con extremo cuidado miró el reloj y no supo cómo ya era hora de par...correr, porque iba tarde.
-Me va a dejar afuera.- Tenía 7 minutos para lograr lo que se hace en 15.


El día de él empezó a las 8, con frío y muerto de sueño buscó a tientas sus lentes y apagó la alarma. 
-Primer día pensó.- Buscó en su closet un traje que no estuviera tan arrugado, la última vez había usado uno con una mancha bastante notable lo cual no le hizo gracia a su tan adorada colega.
Este no esta tan mal, entró a la ducha rápido se enjuagó un poco el pelo mientras escuchaba a Placebo. En toalla y levantando los pies para ahorrarse el frío se cepilló los dientes y mientras pasaba el cepillo con mucho ánimo recordó que el desayuno iba primero. Pero solo sonrió ante su error. ya vestido con los lindos calcetines negros que su madre le había regalado cuando empezó en la universidad pasó frente al espejo y acarició levemente su desorden de pelo que estaba exactamente igual como cuando despertó. 
-Primer día, inspirar.- Se sirvió avena y la comió apurado, echó todo a su maletín y corrió a tomar la micro, pero volvió corriendo por sus guantes negros sin dedos. Paró la micro que como nunca iba vacía y procedió a sentarse pensando en la clase de hoy, y con sus audífonos fue a su placer culpable, RBD, y entonces estaba otra vez comiendo avena y pensando en la inspiración.
Después de media hora de viaje decidió que no se bajaría para buscar un taxi, esta vez iba a caminar como todos, con la mano izquierda afirmando la correa en su hombro derecho y su mano izquierda afirmando el movimiento del maletín camino perdido en su lista de reproducción que combinaba lo mejor de The Smiths, RBD y soundtracks de caricaturas. Cerró los ojos al subir la escalera y entre toda la gente que ascendía a la universidad empujó a una niña. Los cuadernos de ella volaron, papeles y diccionarios, un termo de hello kitty roto sangrando té en plena calle, La ayudó a incorporarse inmediatamente preocupado por si ella lo insultaba, porque nunca sabía que hacer cuando lo insultaban. 

-Mierda- dijo recogiendo mis libros apurada.
-Perdona, no te vi... te ayudo.-
-Voy muy atrasada, y mi profesor probablemente sea un idiota.-
Entre los dos recogieron los papeles dispersos, él fué tras los diccionarios y ella tras sus miles de fotocopias. Ella tomó todo y se apuró a seguir subiendo, pero la caída le había pasado a llevar la rodilla. Él lo noto y la afirmo por el brazo.
-¿Estas bien? enserio perdona, tomate un momento.- 
Ella lo miró y con furia e indignación, y él la miró con la misma cara que le había puesto la primera vez que se vieron hace meses, en el examen de la segunda. Algo confundido pasaba por ella otra vez entre agradecimiento y risa, defiitivamente no rabia. él la soltó nervioso y secó su mano contra su traje.
-voy tarde y me quedo afuera.-
- ¿vas por tercera?.- 
- Sí con Figueroa.-
Comenzaron a subir sin dejar de mirarse
-¿Por qué no pediste el profesor nuevo?.-
- Lo pedí, pero él me mandó al otro curso, seguro es igual de imbécil que ella.-
-Espera, yo no te mandé a otro curso y gracias. Figueroa te pidió exclusivamente.-
-No quise decir que eras... era un idiota profesor.- Se sintió avergonzada, pero puso la sonrisa de que todo estaba bien.
Algo en todo eso le causó gracia a él.
-Dime Martín... ¿Génesis verdad?.-
-Tiare.- Dijo rápido aquí ella era solo Tiare. - Enserio Figueroa me pidió para su curso... creo que ahora la odio más.-
Algo en la forma que ella se expresaba le recordó a cuando estudiaba, que no había sido hace mucho, y odiaba a ciertos tutores.
-Sabes, como te empujé voy a acompañarte para que no te deje afuera, y quizás mientras se te ocurra una buena excusa para cambiarte a mi paralelo.-
Le pareció razonable era lo mínimo que podía hacer.
-Que no la soporto podría ser suficiente.- 
-Nunca ningún odio es suficiente, ni necesario.-
-Usted no entiende.-
-Dime Martín.- dijo serio casi como dándole una grave instrucción de vida.
-Martín, yo no puedo me reprobó otra vez, me faltaron milésimas.-
-Lo sé.- Dijo él como recordando algo muy desagradable.
Llegaron a la universidad y caminaron en silencio al salón, como era de esperarse la puerta estaba cerrada, Martín golpeó la puerta y la profesora salió a abrir.
-Good night Mr. Carcamo.- miró a su acompañante con odio. - Génesis, you're late.-
-It was my fault Mrs Figueroa, please let her join the class.-
-Let me tell you something Martin. Why don't you go back to your class and you take her with you, because it seems like everybody wants to be in that classroom and not in here.-
Tiare miró la clase, con suerte habían 8 estudiantes.
-You can go now, both of you.- y cerró la puerta.
-Fue humillante.- dijo ella
-Tranquila, vamos... probablemente tengo 25 en mi clase.-
-Pero los cursos no pueden pasar los 15 estudiantes, significa que vas a tener que mover a algunos.- pensó el pánico de volver al salón de la maldita, la constante humillación y ese estrés que no la dejaba dormir bien. Sería un alivio quedarse con Martín, pero era un alivio casi imposible.
-Digamos que tienes cupo seguro en mi clase.- Le dijo a ella sacándole una nerviosa sonrisa.


Y entraron al salón.

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