lunes, 22 de septiembre de 2014

Tiarin un amor de las aulas: 4 días para el viernes.

Cap III: 4 días para el viernes. 


No se cruzaba ni una palabra entre ambos, la oficina dejaba entrar un leve rayo de sol y luego del masaje Martín le había ofrecido un café que Tiare había disfrutado en silencio, muy incómodo silencio.
-No le pusiste azúcar.- le comentó él
-No me gusta, ni el té ni el café con azúcar.-
-Amarga. Yo le puse tres cucharadas.-
-Dulce, eso dice mucho de tu personalidad.-
Él la miró intrigado, era la primera vez que la miraba fijamente desde que ella tocó su espalda.
Para Tiare el masaje había sido muy incómodo, y aunque le costó un mundo controlarse para no temblar ni reir en el acto, le había resultado imposible… era muy raro, esa mañana él era un profesor más, luego de unas horas ella se sentía en deuda por hacerlo casi morir, quizás estaba siendo extremista, quizás no era para tanto, quizás solo quería una razón para no ir a clases y estar ahí con él, una razón para que cerraran la puerta y él se quitara la camisa, y mala o no la excusa el punto era que ahí lo tenía bajo sus manos riéndose con ella. ¿Pero de qué se reía él?

Ignoró la pregunta mientras se deslizaba por él. Entre su nerviosismo trató de juntar en su memoria palabras exactas para describirlo porque pensó que debía contárselo a alguien, sin embargo no podía describir un masaje sin que sonara erótico.
Se deslizó con suavidad por su cuerpo y acarició sus hombros con un poco de fuerza, el gimió. Con sus manos nerviosas ella muy suavemente rozó con la yema de los dedos su inicio de columna y el se estremeció, su espalda estaba tibia y sus manos frías y la fusión era deliciosa e incomparable.
No, ese masaje sería un secreto incontable.
Además usó técnicas que se le ocurrieron en el segundo, como apoyar el codo en su espalda y moverlo en círculos, apretar levemente con pellizcones el área de las costillas, hacer presión hacia abajo con las manos. Técnicas originales y probablemente sacadas de alguna película.
Luego de una media hora se había detenido y desmontado la erótica posición. Él se había levantado para darle las gracias, aún sin camisa, le dio un breve abrazo muy descoordinado ella se rió y él la invitó a un café. Ahora sentados en su incomodidad evitando conversaciones como el clima, la hora, la carrera, el accidente, la atracción, la intimidad, la vida y la muerte, se ahogaban en agua hervida, evitándose, pero estando completamente consientes el uno del otro hasta que como el azúcar y el café nos guste o no, se encontraron, se miraron, pero no se enamoraron.

-¿Qué dice? Soy un dulce niño inocente.- Dibujó una amplia sonrisa falsa en su cara.
-Eres inquieto, por eso no te peinas y traes muchas actividades a clases, y siempre te tiemblan las manos.- Hubo silencio, ella pensó sus palabras, las pesó, se había delatado. Por supuesto que esa mañana todo había cambiado, pero ella lo venía observando de antes, uno de los pocos que se había dado el tiempo de observar.
-Esa es, información correcta. Creo que, tienes más clases.- Terminó de beber su taza de dulce café y procedió a abrochar su camisa. Tiare con la cabeza baja recogiendo su mochila en mucho silencio se despidió de las espalda y del torso que comenzarían a ser parte de sus pensamientos eróticos.
-Debí haberle ofrecido una película en vez del masaje.- Dijo susurrando.
-El viernes entonces, espero que no veamos ninguna comedia, no gasto plata en eso.-
Ella lo miró superada por la vergüenza, no lo podía creer. Siempre había controlado su instinto de desubicarse y justo hoy justo con él, el pensamiento se fue libre. ¿Quién le dio permiso para sentirse libre? ¿Para darse la licencia de perder el control? ¿Él?
-Yo no..- tartamudeó.
-Tranquila, yo no tenía el valor de preguntarte, pero como tú lo dijiste supongo que está bien. Puedes llevar a tu amiga, pero esta vez nada de comida.- Él sonrió. Ella lo odió. ¿Cómo  podía hacerle sentir que todo era tan simple? Los profesores y los alumnos no pueden, bueno en el colegio no, esa es la universidad.
-Tiare, somos amigos.- Dijo él sacándola de su cuestionamiento.
-Te veo el viernes amigo.- Y se fue corriendo, con ganas de reír y llorar, por supuesto eligió reír.

Vio a su amiga jugando con el celular en el recreo. Y en un raro acto corrió a abrazarla.
-Hola, ¿Qué te dio?, estas muy… ¿feliz?- la miró muy raro.
-¿En qué momento la vida se puso tan buena?- Dijo Tiare arreglándose el pelo.
-¿Espera… ahora te gusta vivir?-
Y como siempre ella acalló las consultas de su amiga con una sonrisa típica.
Y como siempre ella lo entendió todo.
-Eres una sucia, en una relación prohibida.
-¡Somos solo amigos!- dijo riéndose.
-Lo mismo le dijo mi papá a mi mamá, y creo que ella aún cae con esa… tres hijos después.-
*Sonrisa típica*
-¿y cuándo van a salir?.-
-El viernes, dijo que podías ir.-
-¿Qué? No, no no alguien tiene que cocinar algo para que tengan una cita romántica, asique yo me quedo después tu lo invitas a comer, y justo yo… iré saliendo.-
-Pero habíamos quedado en juntarnos todos, con los chiquillos.-
-Oye si este hombre hace que te den ganas de vivir, a mi me vale la junta. Les hago ensalada y fajitas. Tú sabes, para la ansiedad.-
-No sé que me voy a poner.-
-Tenemos 4 días para resolverlo, algo que diga fácil pero cara.-
-Esa eres tú.-
*Sonrisa típica*
-Oye Tiare, no quiero alarmarte pero ahí está tu amor y se ve más chascón que nunca.-
-¿Me está mirando?-
-No.-
-¿Y ahora?-
-Pasó un segundo, es imposible que te esté m…-
-¡AHORA?-
-Ahora no, y ahora si… viene para acá.-
-¿Cómo me veo?-
-Te ves como si quisieras algo sucio, con un profesor que casi muere.-
Martín apareció muy serio.
-Hola, Tiare, Elena.-
-Profesor.- dijo Elena.
-Dime Martín.-
-No me acomoda, usted tiene más cara de Benjamín o Roberto, puedo decirle Cárcamo.-
-Y yo te digo Vargas.-
-Trato, ¿trae más fajitas? Perdón por haberlo casi matado, espero que mi amiga diera la explicación y la disculpa.
Tiare sonreía con los ojos muy abiertos, como conteniendo la risa.
-Sí, pero las vengo a invitar... el viernes Tiare me dijo que tenía ganas de ver películas, y se me olvidó que me toca el ciclo de cine con mis amigos, en mi casa… pero son bienvenidas.-
Sacó un papel y se lo entregó a la Tiare, la miró con cara de querer decirle algo más, pero no. Elena lo notó.
-Bueno Cárcamo, Tiare mi instinto de baño me llama.-
-Te acompaño.- dijo ella
-No, yo conozco el camino.-
*Sonrisa típica*
Elena se fue, y él le entregó el papel, el ciclo empieza a las 6, quizás te gustaría llegar antes, tengo muchos comics quizás te gusten.
-Voy a ir antes, sin… la niña de los instintos.-
-Es una cita entonces.-
Y ambos sintieron que el corazón se les iba a salir del pecho.
¿Cuándo habían tenido tanto valor frente a alguien? Nunca, ¿Qué efecto tan misterioso tenían sobre el otro? Un misterio.

-4 días para el viernes.- dijo ella -4 largos días para el viernes.- y entonces la vida ya no parecía tan buena.


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