Cap III: 4 días para el viernes.
No se cruzaba ni una palabra entre ambos, la oficina dejaba
entrar un leve rayo de sol y luego del masaje Martín le había ofrecido un café
que Tiare había disfrutado en silencio, muy incómodo silencio.
-No le pusiste azúcar.- le comentó él
-No me gusta, ni el té ni el café con azúcar.-
-Amarga. Yo le puse tres cucharadas.-
-Dulce, eso dice mucho de tu personalidad.-
Él la miró intrigado, era la primera vez que la miraba
fijamente desde que ella tocó su espalda.
Para Tiare el masaje había
sido muy incómodo, y aunque le costó un mundo controlarse para no temblar ni
reir en el acto, le había resultado imposible… era muy raro, esa mañana él era
un profesor más, luego de unas horas ella se sentía en deuda por hacerlo casi
morir, quizás estaba siendo extremista, quizás no era para tanto, quizás solo
quería una razón para no ir a clases y estar ahí con él, una razón para que
cerraran la puerta y él se quitara la camisa, y mala o no la excusa el punto
era que ahí lo tenía bajo sus manos riéndose con ella. ¿Pero de qué se reía él?
Ignoró la pregunta mientras se
deslizaba por él. Entre su nerviosismo trató de juntar en su memoria palabras
exactas para describirlo porque pensó que debía contárselo a alguien, sin
embargo no podía describir un masaje sin que sonara erótico.
Se deslizó con suavidad por su
cuerpo y acarició sus hombros con un poco de fuerza, el gimió. Con sus manos
nerviosas ella muy suavemente rozó con la yema de los dedos su inicio de
columna y el se estremeció, su espalda estaba tibia y sus manos frías y la
fusión era deliciosa e incomparable.
No, ese masaje sería un
secreto incontable.
Además usó técnicas que se le
ocurrieron en el segundo, como apoyar el codo en su espalda y moverlo en círculos,
apretar levemente con pellizcones el área de las costillas, hacer presión hacia
abajo con las manos. Técnicas originales y probablemente sacadas de alguna
película.
Luego de una media hora se
había detenido y desmontado la erótica posición. Él se había levantado para
darle las gracias, aún sin camisa, le dio un breve abrazo muy descoordinado
ella se rió y él la invitó a un café. Ahora sentados en su incomodidad evitando
conversaciones como el clima, la hora, la carrera, el accidente, la atracción,
la intimidad, la vida y la muerte, se ahogaban en agua hervida, evitándose,
pero estando completamente consientes el uno del otro hasta que como el azúcar
y el café nos guste o no, se encontraron, se miraron, pero no se enamoraron.
-¿Qué dice? Soy un dulce niño
inocente.- Dibujó una amplia sonrisa falsa en su cara.
-Eres inquieto, por eso no te
peinas y traes muchas actividades a clases, y siempre te tiemblan las manos.- Hubo
silencio, ella pensó sus palabras, las pesó, se había delatado. Por supuesto
que esa mañana todo había cambiado, pero ella lo venía observando de antes, uno
de los pocos que se había dado el tiempo de observar.
-Esa es, información correcta.
Creo que, tienes más clases.- Terminó de beber su taza de dulce café y procedió
a abrochar su camisa. Tiare con la cabeza baja recogiendo su mochila en mucho
silencio se despidió de las espalda y del torso que comenzarían a ser parte de
sus pensamientos eróticos.
-Debí haberle ofrecido una
película en vez del masaje.- Dijo susurrando.
-El viernes entonces, espero
que no veamos ninguna comedia, no gasto plata en eso.-
Ella lo miró superada por la
vergüenza, no lo podía creer. Siempre había controlado su instinto de
desubicarse y justo hoy justo con él, el pensamiento se fue libre. ¿Quién le
dio permiso para sentirse libre? ¿Para darse la licencia de perder el control?
¿Él?
-Yo no..- tartamudeó.
-Tranquila, yo no tenía el
valor de preguntarte, pero como tú lo dijiste supongo que está bien. Puedes
llevar a tu amiga, pero esta vez nada de comida.- Él sonrió. Ella lo odió.
¿Cómo podía hacerle sentir que todo era
tan simple? Los profesores y los alumnos no pueden, bueno en el colegio no, esa
es la universidad.
-Tiare, somos amigos.- Dijo él
sacándola de su cuestionamiento.
-Te veo el viernes amigo.- Y
se fue corriendo, con ganas de reír y llorar, por supuesto eligió reír.
Vio a su amiga jugando con el
celular en el recreo. Y en un raro acto corrió a abrazarla.
-Hola, ¿Qué te dio?, estas
muy… ¿feliz?- la miró muy raro.
-¿En qué momento la vida se
puso tan buena?- Dijo Tiare arreglándose el pelo.
-¿Espera… ahora te gusta vivir?-
Y como siempre ella acalló las
consultas de su amiga con una sonrisa típica.
Y como siempre ella lo
entendió todo.
-Eres una sucia, en una
relación prohibida.
-¡Somos solo amigos!- dijo
riéndose.
-Lo mismo le dijo mi papá a mi
mamá, y creo que ella aún cae con esa… tres hijos después.-
*Sonrisa típica*
-¿y cuándo van a salir?.-
-El viernes, dijo que podías
ir.-
-¿Qué? No, no no alguien tiene
que cocinar algo para que tengan una cita romántica, asique yo me quedo después
tu lo invitas a comer, y justo yo… iré saliendo.-
-Pero habíamos quedado en
juntarnos todos, con los chiquillos.-
-Oye si este hombre hace que
te den ganas de vivir, a mi me vale la junta. Les hago ensalada y fajitas. Tú
sabes, para la ansiedad.-
-No sé que me voy a poner.-
-Tenemos 4 días para
resolverlo, algo que diga fácil pero cara.-
-Esa eres tú.-
*Sonrisa típica*
-Oye Tiare, no quiero
alarmarte pero ahí está tu amor y se ve más chascón que nunca.-
-¿Me está mirando?-
-No.-
-¿Y ahora?-
-Pasó un segundo, es imposible
que te esté m…-
-¡AHORA?-
-Ahora no, y ahora si… viene
para acá.-
-¿Cómo me veo?-
-Te ves como si quisieras algo
sucio, con un profesor que casi muere.-
Martín apareció muy serio.
-Hola, Tiare, Elena.-
-Profesor.- dijo Elena.
-Dime Martín.-
-No me acomoda, usted tiene
más cara de Benjamín o Roberto, puedo decirle Cárcamo.-
-Y yo te digo Vargas.-
-Trato, ¿trae más fajitas?
Perdón por haberlo casi matado, espero que mi amiga diera la explicación y la
disculpa.
Tiare sonreía con los ojos muy
abiertos, como conteniendo la risa.
-Sí, pero las vengo a invitar...
el viernes Tiare me dijo que tenía ganas de ver películas, y se me olvidó que
me toca el ciclo de cine con mis amigos, en mi casa… pero son bienvenidas.-
Sacó un papel y se lo entregó
a la Tiare, la miró con cara de querer decirle algo más, pero no. Elena lo
notó.
-Bueno Cárcamo, Tiare mi
instinto de baño me llama.-
-Te acompaño.- dijo ella
-No, yo conozco el camino.-
*Sonrisa típica*
Elena se fue, y él le entregó
el papel, el ciclo empieza a las 6, quizás te gustaría llegar antes, tengo
muchos comics quizás te gusten.
-Voy a ir antes, sin… la niña
de los instintos.-
-Es una cita entonces.-
Y ambos sintieron que el
corazón se les iba a salir del pecho.
¿Cuándo habían tenido tanto
valor frente a alguien? Nunca, ¿Qué efecto tan misterioso tenían sobre el otro?
Un misterio.
-4 días para el viernes.- dijo
ella -4 largos días para el viernes.- y entonces la vida ya no parecía tan
buena.
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