lunes, 22 de septiembre de 2014

Tiarin un amor de las aulas: Un vestido, un cachorro, un deseo

Cap. V: Un vestido, un cachorro, un deseo


Había existido silencio entre los dos, pero no como en ese auto. Era algo nuevo y desagradable. Para aportar a la alegría del momento en la radio sonaba Miriam Hernández ¨¨Huele a peligro¨¨, se sentía el olor a peligro… y a restos de comida en el auto.
-Lindo auto.- dijo ella.
-No es mío, me lo conseguí prestado… para venir a buscarte.-
-¿Por qué no tienes tu auto?-
-Lo choqué, fui a comprar azúcar y me estacioné en una salida de autos.-
-¿No te diste cuenta?-
-No, estaba apurado porque tenía que revisar muchas pruebas.-
-¿Y no te preocupaste?-
-Es solo un auto, me dolió mi pérdida de cds.-
-Eres un niño.-
-Sí y uno malcriado.-
Se rieron, quizás si podían ser amigos.
-¿Qué cds eran?-
-Nunca te diré, tenía muchos placeres culpables en mi estuchera de los ThunderCats.-
-Niño rata.-
-Lo dice la que tiene un lente amarrado con un hilo rojo.-
Ella lo miró, eso había pasado en el examen del semestre pasado y pensó que nadie lo había notado. Él lo notó. Quizás la venía observando desde hace tanto como él… ¨¨Las ratas no hacen amigos¨¨ pensó.
-¿Te acuerdas de eso?-
-Sí recuerdo la mayoría de los defectos ópticos de los que no son mis alumnos.- La miró.
¨¨Se ve tan lindo con una mano en el volante y la otra en la palanca de cambio, chascón y con terno¨¨
Él apartó su vista al frente, pensando que ella no se esperaba nada de ese día, no de él al menos, ¿por qué lo haría?
-Ese día tu chaqueta estaba manchada.- ella lo miró.- Seguro salvaste tu estuchera de un montón de café con tu terno.-
-No voy a sorprenderme porque recuerdas algo de mí, hay que dejar de hacer notar que nos hemos estado observando.- Dijo Martin estacionando el coche. -Pero como amigos.- se apresuró a decir- ¡Me encanta hacer amigos! ¡Amigos que van a clases!-
Tiare se sintió mal, él era encantador a ratos, era un niño amable y luego un profesor imbécil.
Ella abrió la puerta estando muy seria.
-Tenía una buena razón para faltar, ahora creo que ir antes a tu casa no merecía tanto esfuerzo.-
Y cerró la puerta.

Para Martín las horas pasaron rápido. Ella no le dirigió la mirada en todo el examen. Salió rápido de la sala, no pudo encontrarla al almuerzo. No la vio a la salida… tenía la esperanza de verla aunque no tenía nada bueno que decir.
¿Por qué él iba a merecer tanto esfuerzo? Llegó a su casa cansado y solo.
Vivir solo no le hacía gracia, se pasaba los ratos libres con sus instrumentos y sus perros, los llamó para alimentarlos, sus cachorros recogidos de la universidad.
-¡Sherlock, Watson!- los llamó, al rato apareció un cachorrito muy lento. Martín se sorprendió sus perros siempre corrían moviendo la cola, llegó a la mitad de la cocina y lo miró. ¨¨Algo está mal¨¨ Corrió al patio, y vio a el gordo Watson sufriendo, mucha agua a su alrededor y unos quejidos muy leves se hacían sentir.
-¿Watson?- dijo con el alma en un hilo,  se acercó muy lento y vio una bolita blanca al lado de su mascota, una bolita que respiraba.
-¿QUÉ?- el timbre sonó. Martín corrió a la puerta con la esperanza de que fuera alguien que supiera que hacer, tenía la respiración acelerada y la cabeza confusa, abrió la puerta de golpe.
Ahí estaba ella con un vestido morado que se ajustaba a su silueta, tenía rallitas negras y mangas largas. ¨¨ ¿usa vestidos?¨¨ Concéntrate Martín.
-Sígueme.- le dijo antes de siquiera saludarla.
Tiare prometió comportarse, y ser buena a pesar de los cambios de humor de Martín, para probar su esfuerzo dejó que su amiga la convenciera de usar un vestido morado, y el colgante de cuarzo oscuro, su amiga le había dicho que disipaba los temores y aunque la teoría del asesino iba disminuyendo suponía que no tenía miedo de Martín, pero sí como podía perder el control ella con él. A pesar de que su ropa venía directamente de lo que nunca se ponía del closet, se sentía cómoda más con los botines negros. Lo siguió pensando que aún podía ser un asesino, llegó a su lado en el patio mientras él se movía de un lado al otro.
-Tiare, mi perro, no sé que hacer.-
Su corazón se recogió, es algo horrible cuando los perros sufren pensó.  Se acercó y le tocó el hombro.
-¿Qué le pasa?-
-Mi perro.- Se agarraba la cabeza y no se concentraba.
-Martín qué pasa con tu perro.-
-Es perra, no es Watson, es una Watsona… o mejor a mujer que sale en Sherlock.-
Tiare se sorprendió, ¨¨es como un niño¨¨
-Tranquilo, trae una toalla para apoyar a los cachorros, ¿cuántos van?-
-Uno creo. ¿Será Sherlock el padre?-
-Martín, concéntrate.-
Corrió al interior de la casa y volvió con dos toallas.
-¿De playa o de baño?-
Tiare tomó aire profundo…
-De baño.- dijo.
Puso la toalla en el suelo y tomó el primer cachorro, puso a Watsona de espaldas y comenzó a sobar su pancita.
Otro cachorro salió de ella y luego de otro cachorro y luego otro.
Cuatro en total y un Martín con un ataque de nervios.
Tiare se miró el vestido, como había tomado a los cachorros su vestido tenía leves manchas, pero no le importo los cachorros eran preciosos asi que si Martín no apreciaba su ropa daba igual.
Martín salió con la cámara fotográfica.
-Creo que es hora de una foto, con la asistente de parto.-
-Estoy toda sucia.- dijo ella tímidamente.
-Estas perfecta.- 
-Programa la cámara, tú eres el papá, tienes que salir.-
-Además traje las toallas, fui fundamental.- 
Se rieron, y en una foto quedaron capturados, Un padre primerizo y una enfermera de morado, adorables. 
-Si quieres lavamos tu vestido y te presto un buzo, para que estés cómoda.- 
La idea de desnudarse y ponerse ropa de Martín era algo que la ponía nerviosa. 
- Bueno.- dijo rezando para no ponerse roja.
-Pasa al baño.-
-Irene.- dijo ella mirando a Watson.
-¿Cómo?.- preguntó Martín.
-Irene es la mujer en la película de Sherlock Holmes.- dijo ella
-Pero no se quedan juntos.-
-No todos tienen que quedarse juntos.- dijo desapareciendo tras la puerta del baño.
-Espero que nosotros sí.-  susurró Martín  sorprendiéndose de su pensar interno.- No Martin, solo como amigos.- y fue por algo de ropa.





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