martes, 17 de febrero de 2015

Tiarín un amor de las aulas: Final

Cap. XI: Final.

Bajaron abrazados conversando de comics y música. 
-Me gusta Gotham, es más como el comic que las películas de Batman.- dijo Martín.
-Sí, pero hay gente que se queja de que no sale Batman lo suficiente.- respondió ella.
-Balazo para ellos.- dijo él, mientras imitaba torpemente un arma con su mano.
Tiare se rió, solía hacer eso cuando con su amiga se quejaban del universo, balazo para ellos solía decirle a Elena. Lo miró por un segundo era probable que él lo supiera. Él captó su mirada interrogante y solo sonrió.
-Te he visto dar balazos en el patio.-
-Eso es muy psicópata de su parte profesor Cárcamo.-
-Tú y tu obsesión con psicópatas, deberías respetarme, después de todo soy mayor que tú.-
-Y yo te quiero en mi cama.-
-¿Ahora cantas regueton?.-
-Puedo declamar también si quieres.-
-¿Poesía, pero que dama más completa?.-
-La verdad me sé solo un poema y me lo enseñó mi amiga, asi que no esperes mucha cultura en ello.-
-Pagaría por escucharlo.-
-¿Tengo cara de prostituir poemas?.-
-No quise decir eso.-
-No... es que así empieza, ¿tengo cara de prostituir poemas?.-
-Eres una pesada.-
-Esa es justo la segunda línea.-
Se rieron.
-Voy a decirte el poema, pero es una exclusiva así que cuidado con los derechos de autor.-
-Al final de mi libro podrá leer la referencia a este momento.-
Tiare se separó de él y adoptó una posición dramática. Puso sus manos en la cabeza.
-Oh cruel destino
hermoso y altanero
voy a pedirte un deseo
y tú debes cumplirlo.
Te pido que hoy mismo
cuando a dormir me vaya
halles en mi cama a un cruel y un altanero
no para hacer poemas
ni para tener calma
si no para que cuando a dormir me vaya,
finalmente me vaya.-
Tiare decidió omitir el final dramático de su amiga, que implicaba un sonido orgásmico.
Martín le aplaudió, no se estaba riendo.
-Creo.- dijo él.- que no lo entendí, digo...¿ por qué una baya?
-Ay Martín, no te lo voy a explicar.-
Se acercó a él para acariciar su pelo. Era un niño inocente y bueno, excepto en las bibliotecas y ascensores. Y eso la llamaba más hacia él, sabía que muy en el fondo Martín tenía la maldad y la perversión atadas al ADN, pero en su naturalidad él lo ignoraba.
Estaban felices, era una sensación extraña. Cuando dos personas han pasado tiempo desconociendo la esencia de la felicidad y esta les llega de golpe suelen tener esos calambres en las mejillas. Les pasaba que no sabían como reaccionar a la falta de sus problemas. Era un misterio como ellos, mas resolverlo era la mínima de sus prioridades.
-¿Bueno y fuera de observarme en el patio que más te gusta hacer?.- 
-Me gusta la música, nada de los top 40.-
-Eso es una mentira, todos dicen eso pero estoy segura que tienes tu placer culpable en tu celular bajo el nombre de alguna canción de Pink Floyd.-
Era un desafío. Acordaron comprobar quién tenía la razón y se sentaron en una banca.
Martín sacó su celular y abrió la lista de reproducción. Ella guió sus ojos de arriba abajo y seleccionó "Teach me" los acordes se abrieron en una melodía lenta y simple, Lo miró, y no pudo soportar la risa.
-Martín Cárcamo, ¿Qué es esto?.-
Martín parecía no poder aguantarse la risa,
-Miguel Bosé.- dijo tímidamente.
Martín recordó la última vez, antes de Maite, en la que había salido en un cita. La mujer había sido muy amable hasta que le pidió escuchar un tema de The Cure. Martín solía tener gustos considerados poco varoniles y para evitar burlas le cambiaba los nombres a sus placeres culpables por otros de "gusto social apropiado". Cuando intentó buscar la canción olvidó el tema de Ana Gabriel oculto en la lista y luego de escuchar "Luna tu que lo ves..." la mujer se había burlado y finalmente marchado.
Pensó que eso dejaría un trauma en él, pero la risa de ella borraba todas esas boberías.
Su risa no era estrepitosa, se reía mucho pero sin que nadie se enterara, como protegiendo su felicidad. Era a ratos perfecta.
-Me encanta Bosé.- dijo ella.
A rato era mucho más perfecta, pensó Martín.
-¿No te parece un poco gay?.-
-Me parece super gay, pero quién no quiere ser un hombre gay a veces.-
Martín la miró desconcertado, de qué mierda estaba hablando ella no tenía idea, pero le gustaban sus arranques de enanos al bosque en sus conversaciones.
Ella lo miró levantando sus cejas, esperando una respuesta sobre de qué mierda estaba hablando.
Martín sabía lo que debía responder.
-Yo, cuando estoy contigo.- dijo
Recordó la vez que lo vio sin pantalones, él no era lo que ella esperaba.
-Y cuando no estás también.- dijo nuevamente.
Él era mucho mejor.
Todo venía a funcionar, su amiga lo aceptaba... los problemas de trabajo no eran problemas, Figueroa no volvería a molestarlos.
Fueron a la casa de él, riéndose de la lista de reproducción cada vez con más ganas, cada vez más felices. ¿Se podría reir aún más?
Cuando abrieron la puerta Irene apareció ladrando y moviendo la cola. Tiare la tomó en brazos para hacerle cariño y siguió a Martín a la pieza para ver a los cachorros. Maite estaba sentada en la cama acariciando a los pequeños... Tiare sintió su cabeza arder, no esperó a que Martín hiciera las preguntas.
-¿Qué estás haciendo?.-  toda su rabia la hizo aferrarse más a Irene, que gruñía en dirección de Maite.
Tiare podía entender que había visto Martín en ella, si es que alguna vez vio algo... parecía de la misma edad que él y ocupaba vestidos sueltos, pero ceñidos a la cintura que de alguna forma resaltaban su cabello corto y sus anillos largos que se enrollaban en casi todos sus dedos.No parecía la tipa aburrida de la que alguien se hartaba, parecía todo lo contrario y eso hizo que su rabia hirviera con más ganas.
-Vengo a hablar con mi novio.- dijo con calma
-No hay nada que decir Maite, solo vete y deja mi llave.-
Maite se levantó lento y pestañó muchas veces, Tiare se preguntó si a Martín le gustaba eso; se acercó a Carcamo y le tocó la frente en un gesto íntimo que la incomodó mucho, y luego susurró algo y un claro adiós. Martín estaba congelado, no se movió ni un centímetro aún cuando su ex depositó la llave del departamento en su mano.
Tiare estaba aún furiosa, si su mente tuviera poderes seguro la habría hecho explotar. Martín llegó a los pocos minutos y ella lo miró con cautela... aún tenía en brazos a Irene que comenzaba a quedarse dormida.
-Martín.- dijo, no para romper el silencio, si no para establecer el orden.- Explícame.
Martín estaba desorientado, no parecía poder encontrar las palabras.
Se acercó a ella y sostuvo su cabeza entre sus manos, Tiare dejó escapar a Irene y sus ojos de llenaron de lágrimas.
-Solo no quiero salir herida.- le dijo sin poder levantar la vista.
-Voy a cambiar todas las chapas del departamento para que nadie te haga daño.-
-No es eso Martín, no es sobre ella, es sobre tí.-
-No voy a cambiar de opinión, quiero esto.-
Se besaron, con lágrimas...era una sabor a sal, un mal sabor.
Tiare se alejó despacio para tomar aire. Quería descansar... mucho había pasado y ella tenía mucho que asumir aún. Pero no quería estar enojada, no quería que todo tuviera gusto a sal, quería recuperar las sonrisas, la lista de reproducción si era posible.
-Te molesta si me voy a dormir.-  él sonrió, no quería reconocerlo, pero la idea de solo dormir con ella, le parecía tierno y ridículo... no iba a dejarla dormir.
-Mejor comemos algo, anda yo llevo la once.-
Ella no se dio cuenta de lo cansado de su día hasta que abrazó la almohada... un montón de emociones querían invadirla, pero solo podía pensar en dormir... apoyó su cabeza y sus hombros y elevó su espalda apoyando sus rodillas en la cama igual que un gato y se abandonó al sueño.
Martín llegó y la encontró completamente dormida en esa posición, no quizo despertarla, pero estaba cansado y ella estaba en el medio de la cama. Se puso a su espalda para poder tomarla mejor, pero falló chocando con su erguido trasero y despertándola.
-Martín, qué estas haciendo.- dijo aún media dormida.
Martín solo pudo reír, quiso hacerlo en silencio, pero verla así lo provocó demasiado...su risa terminó de despertarla y ella se sentó a su lado.
Rieron un rato y luego el sueño los venció.



Una semana después. 

-¿Hoy por fin tendrás tiempo? digo es mi cumpleaños.- Elena estaba esperando su completo en el kiosko mientras Tiare ojeaba el libro de Inglés, era su examen de eximición y estaba muy nerviosa.
-No es tu cumpleaños, pero si... voy a ir.- dijo mientras arrancaba un poco de la comida de su amiga.
- Por fin, ya me preocupaba que tu y Martín llegaran a tal punto que empezaran a parecerse.-
-No creo que el pelo largo le vaya bonito.- dijo cerrando por fin el libro.
-Podría ser un mono y aún así lo amarías.-
-No lo amo.- dijo ella en tono seco.
-Tranquila, no tienes que probármelo, te veo a la salida en la puerta y suerte ¿bueno?, voy a estar en el público mientras presentas.-
-Bueno.-
-Me sentaré del lado del novio.-
ambas se dieron la dosis de *sonrisa típica* que necesitaban para afrontar el día y se separaron.
Hacía dos días que Tiare no había visto a Martín con la excusa de preparar su prueba, estaba nerviosa porque él había sonado distante al teléfono, pero seguro era para no distraerla. Aún así había decidido darle una sorpresa en la sala de profesores, para agradecerle de alumna a maestro con una muestra de afecto típica de una pareja. Tenía sentido en su cabeza.
Habían sido unos días grandiosos desde la biblioteca, habían reído y jugado play tanto que parecían compañeros de toda la vida... casi no de habían separado lo que la asustaba un poco, pero también la provocaba a querer más.Ya casi había llegado a la sala cuando la vio...Maite, la vio entrar a la sala y eso la congeló... seguro está buscando a Figueroa, pero no... la mujer se encontraba en un congreso en Antofagasta. Decidió esperar, se aferró a su libro de Inglés... y tragó grandes bocanadas de aire... sentía la cabeza hirviendo. Maite salió de la sala sonriendo, y entonces lo saboreó... la sal, no no era eso, era agrio, era veneno... sentía el veneno en su corazón. Y envenenada entró a la sala, y lo vio, sonriendo hasta que la notó. Se levantó e intento abrazarla, pero ya era demasiado tarde,ya había demasiado veneno y solo una palabra de él era lo que faltaba para terminar de ahogarla.
-Lo siento.- dijo Martín cuando comprendió toda la situación.
Tiare no lloró, no armó un escandalo. Se dio la vuelta y caminó a la sala para preparar su presentación, Martín llegó e hicieron el ritual de evaluación, sacó un sobresaliente... su amiga estaba ahí, pero no era lo importante, sentía el veneno arder y esperó que todos abandonaran la sala hasta quedar a solas con Martín.
-No es lo que piensas.- dijo él antes que ella pudiera hablar.
-Yo no soy lo que tu piensas, esto... todo esto es solo, yo pensé que.- de pronto el veneno no la dejaba hablar, quería llorar, quería explotar. Y entonces música inundó la sala, pero distinto a las veces anteriores la música ya no le dijo nada, Martín la hizo arder en la nada, Martín era nada.
No recordó lo que pasó después pero su amiga le dijo que cuando volvió al salón a buscarla porque se había demorado vio a Martín diciéndole algo al oído, mientras ponía una nota en sus libros.
Cuando llevaban dos cuadras de camino en silencio Tiare dijo.
-Leela, no me importa.-
Elena se debatió entre la curiosidad y la moral, pero terminó por tomar la nota. La estiró y leyó en voz alta.

Condenado esta el fuego
y por eso debe arder
y mi amor condenado estaba
por eso ardió con él.
Quemó tan dolorosamente
hasta que por fin se fue.
Hoy debo irme
pero no significa que nunca te amé.

-Tiare no entiendo nada.-
-Él me ama.-
-Sigo sin ver el problema.-
-Yo no puedo amarlo.-
-¿Por qué no?.-
-Porque la dejó embarazada.-

FIN.



  




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